Darío

Conocí un hombre que nunca ejerció y lo creo así porque nunca lo vi en ningún rol social de esos para los que nos educan desde chiquitos.  Nunca lo vi rezando, nunca lo vi votando, nunca lo vi mercando, nunca lo vi cortejando, nunca lo vi estudiando, nunca lo vi paseando, nunca lo vi mecateando, nunca lo vi tertuliando; además él nunca vió, aunque fue un ciego que veía, pues aún sin bastón ni lazarillo se caminó todas las calles del pueblo, a lo mejor que alguna luz lo guiaba, seguramente muy tenue pero eso le bastaba.  Fue un hombre libre de verdad porque no necesitó cumplir ningún papel diferente al de ser Darío, simplemente Darío, sin título ni apellido porque ni siquiera eso necesitó.   Eso mismo fue lo que hizo que no pasara desapercibido entre nosotros. ¡cuántas generaciones damos fe de su existir!

Nunca rezó, pues qué lo iba a necesitar si nunca pecó, tal vez su mayor maldad fue decir “paputa” y se lo escuché muchas veces, pero fue su defensa para lo que ahora llaman bulling, pero que para él y para nuestras generaciones era el acto de los “aprovechados”; aprovechados de un ser puro.  Nunca votó pues tampoco necesitó ningún tipo de gobierno para ser quien debía ser.  Nunca mercó y para qué iba a hacerlo si en tantas casas guardan una taza y un plato para servirle a él.  Para qué iba a cortejar si eso es de seres no evolucionados.  Tampoco estudió pues no necesitaba ningún título.  Si no salió de paseo fue porque su vida fue un paseo.  ¡se dio ese lujo!.

Hoy ya se ha ido y solo puede ser recordado de una manera: con cariño.  Aún sin haber abrazado, sin haber besado, sin haber hablado mucho se le recordará sólo con cariño.  Con su silencio y su parsimonia se ganó su espacio sin tener que ser cura, médico o policía y será recordado mejor que la mayoría de nosotros porque en él todo fue sincero sin necesidad de ser mucho, sólo fue lo que necesitaba ser.

Su único apego terrenal fue su viejo radio de pilas que por tantos años le acompañó y ahora ni siquiera eso va a necesitar.  Mientras tanto aquí seguimos nosotros tratando de superarnos, de abandonar apegos materialistas y egoísmos, deseos carnales y demás defectos mundanos que él no necesitó abandonar porque simplemente no los tuvo.  Si el cielo existe allá lo deberá estar esperando porque aquí no quedó debiendo nada.  No ejerció lo que no necesitó.

Con seguridad no lo conocí lo suficiente para atreverme a decir mucho sobre él, pero esto es lo que he recordado.

Darío, ¿ya crió el toro?

 

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9 comentarios en “Darío

  1. Sin duda fue un gran ser humano un gran personaje que no necesito de un titulo para ser un gran famoso .recordado por todos los que allí en el hermoso pueblo de valparaiso vivimos nuestra niñez

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  2. Demasiado lindo!!!!!!ademas Dios lo premio pues lo llevamos al cementerio por la via a su casa. Solo quedan las bellas e inocentes sonrisas cuando se tomaba el perico o cuando adivinaba de cuanto era la moneda o el billete…….PAZ EN SU TUMBA!!!!!!!

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  3. Sin decir mucho, pues casi no compartí con el. Pero, su nobleza irradia a todos. Lastima que no nos detengamos a admirar la creación del hombre. Nunca nadie reconocería la nobleza, antes de su muerte. Jamás nos imaginamos las cosas antes de que sucedan. Tal vez en la cátedra de la vida, nos enseñe los verdaderos valores.

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