Cachibajo

Una mañana se montaba en un techo para ganarse unos pesos con que conseguir algo de licor para calmar el guayabo, el mismo licor que para él era un elixir de alegría; aunque para tomarse los tragos usualmente no necesitaba comprarlo, pues con su carisma y habilidad verbal de léxico vulgo supo conseguírselos goteriando principalmente a turistas curiosos, hasta el punto de haber sido nombrado por uno de ellos como Aladino, por su habilidad para aparecer cada que se abría la botella -según me contó alguna vez el viejo Vicente-.  Sin embargo, fueron varios los oficios que desempeñó, entre ellos el de embolador de zapatos, arte que poca clientela dejó satisfecha, pues su temblor etílico fue fatal para la vestimenta de los clientes.  También fue mandadero de combos, barras o grupos de rumberos, que en sus bacanales nadie más como él para conseguirles a altas horas, en momentos de escasez o prohibición lo que se necesitara para saciar esos placeres goliardos. Así mismo era impensable una “vaca loca” sin él; ese entusiasmo que contagiaba al constrP1350571uir los aparejos con enorme cornamenta de fuego y cola de ramas con espinas que embestía a todo paisano que osara dárselas de torero.  En esos momentos Cachi era el mismo diablo con cachos y con cola que, sin embargo, protegía a los niños desprevenidos que accidentalmente se le cruzaban.  Animaba como ninguno esa fiesta, seguramente de origen pagano, que en nuestro pueblo es el jolgorio principal de las celebraciones patronales. Pero indudablemente su oficio más famoso y por el que más se le reconoció fue el de su ejercicio forense, del cual ostentaba tres títulos: empírico, autodidacta y tegua. Vivía orgulloso de ser nuestro Quincy, como algunos le llamaban haciendo analogía de esa famosa serie de televisión.  Tan apasionado fue de este oficio que hasta de necrófilo lo acusaron, pues su amor por esa labor malamente fue interpretado. Ese día entre semana, sin turistas en la plaza, subió al techo a coger goteras y sin condiciones para volverse un “Aladino”, mutó en Ícaro y alzó el vuelo final, su vuelo fatal.  Nadie corrió a esperar un cuerpo en el anfiteatro. Desde entonces cada año, por las fiestas patronales, se escucha en las calles un vago bufar acechando borrachos en medio de la algarabía y el jolgorio que les dice: ¡bebido corrompido, Cachibajo no se ha ido!   P1350575   También puedes leer: Darío.  Guerra.  Bill.

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5 comentarios en “Cachibajo

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  2. Pingback: Las Putas | Los Recortes

  3. Me encanta que te hayas puesto en la tarea de rescatar en tus cuentos y relatos los personajes populares de tu hermoso Valparaiso, el folclor de un pueblo es parte de su riqueza cultural.

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