Buchi

Llevo semanas tratando de escribir algo digno sobre éste amigo, y es que fueron tantas sus virtudes y sus milagros, que frecuentemente olvido que quiero describir al ser humano que fue y termino hablando de una deidad.  Finalmente dejé de forzar la cosa para escribir lo primero que se me ocurrió mientras pensaba en él, por eso el relato de hoy no es mas que una línea y espero que sea suficiente, aunque ninguna palabra, ningún párrafo, ningún tratado podría describirlo como realmente fue.  Un ser lleno de amor incondicional.  ¡Vicente, Gracias por existir!

Cuando la voz de Buchi perdió el eco, su grandeza resonó.

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Sola

Hace unas semanas, charlando con un amigo me recordó una de las historias que ésta mujer recientemente fallecida nos relatara, hoy hago el ejercicio de escribirla y aunque no es la intención crear el obituario de nuestra gente creo que sí vale la pena escribirla para que por lo menos a mí no se me vaya a olvidar.

El día que Sola, mientras fumaba tabaco, nos contó sobre la condena que pagó por un delito no le creíamos, aunque a sus 103 serían muchos los relatos que tendría por compartir, pero sólo imaginaríamos de ella historias tiernas, viejos romances o trasegares políticos.  A lo mejor muchos estarán esperando que de ella cuente esas cosas o cómo vio transcurrir la historia de nuestro pueblo, o cómo era la vida provincial en su juventud, pero no, hoy contaré otra historia que me ha parecido muy curiosa y esos relatos históricos, familiares o sociales seguirán guardados por el momento.  Recordaremos la historia que mientras nos hablaba llegamos a pensar que no sería más que una fantasía senil, pues difícil es imaginar a una frágil abuela en una cárcel, pero a pesar de ser difícil de creer, su historia era real, los detalles y coherencia terminaron por convencernos.  Efectivamente ésta longeva mujer tenía su prontuario bien guardado.

Sigue fumando tranquilamente su tabaco sentada en la Rimax y recordando con picardía la ocasión en que se dejó llevar por su espíritu rebelde y negociante, o a lo mejor por la necesidad, y decidió infringir la ley con la seguridad de que no sería descubierta en el hecho, pero sus precauciones habrían de fallar pues tuvo que afrontar delicados problemas con la justicia.  Mira su tabaco casi apagado, se calla un instante como reviviendo el momento, da una aspirada y luego suelta una íntima sonrisa de picardía como gozando de su juvenil travesura.  Pacientemente esperamos que nos termine la historia, mientras admiramos su gran memoria para ciertos detalles y nombres de hace más de sesenta años, pues paradójicamente Jesusa, -la hija traviesa que la acompaña- vagamente recuerda la rutina del día anterior.  El Alcalde y sus ayudantes habían montado el operativo y nos lista esos nombres y sus cargos públicos con gran precisión.  La captura, el interrogatorio, la presentación de pruebas, la deficiente defensa o mejor dicho, la aceptación de cargos duró poco tiempo y la inevitable condena tenía que ser cumplida.  El cargo era grave, mucho más para una mujer, pero parece ser que su condición fue considerada con benevolencia y sólo fue condenada a unos pocos meses de prisión domiciliaria por cultivar y traficar tabaco, cultivo considerado contrabando por aquellos días.

Sola relataba ésta historia como si fuera la protagonista de una gran película de acción, bien contada como sólo los abuelos saben hacerlo.

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Los estacones

De varias fuentes he escuchado la misma historia que se refiere a un señor muy agudo en las descripciones que hacía sobre sus paisanos.  Múltiples son los refranes que acuñó, pero ha sido uno el que mas me llama la atención, tal vez porque aún hoy, varias décadas después sigue vigente.  Imagino que Papá Elías pronunciaría la famosa frase en un en medio de una radiografía social que hiciera al pueblo y a cierta ralea de “distinguidos” pobladores.  Su descendencia sigue por aquí muy cerca y frecuentemente recuerdan las enseñanzas del abuelo, quien aquél día sabiamente dijo: “si a este pueblo lo fuéramos a cercar con hijueputas, sobrarían estacones”…  y no se equivocó, pues también hoy, en éste preciso momento me pasan por la mente varios nombres.  Sin duda, a ese hombre me hubiera gustado conocerlo.

Y como las palabras de los sabios no pierden vigencia, transcribo el siguiente poema que me leyó un amigo, nieto de Papá Elías y a quien aprecio mucho.  Escrito por León de Greiff a la Villa de la Candelaria (antiguo nombre de Medellín), el mismo poema aún hoy describe perfectamente a esos “estacones” que la ignorancia sigue sembrando y la indiferencia de los que no hacemos nada sigue abonando:

 VILLA DE LA CANDELARIA

 Vano el motivo

desta prosa:

nada…

Cosas de todo día.

Sucesos

banales

Gente necia,

local y chata y roma.

Gran tráfico

en el marco de la plaza.

Chismes.

Catolicismo

Y un total inopia en los

cerebros…

Cual

si todo

se fincara en la riqueza,

en menjurjes busátiles

y en un mayor volumen de la

panza.

León de Greiff”

 emoticon-furioso-24770560Perdón por la rabiecita que tengo, pero es que me emputa tanto hijueputa, y si no le hago catarsis me podría desencadenar un cáncer.

El accidente de Volante

El accidente de Volante sucedió durante la navidad de un año muy rumbero.  Aquél año fue especialmente alegre en el pueblo, propiciado por la bonanza laboral fruto de algunas obras nuevas que se realizaban en la zona.  Como consecuencia, la plaza de llenó de chiveros para poder transportar trabajadores, materiales y equipos hacia las fuentes de trabajo.  Los fines de semana los conductores limpiaban sus carros generalmente ayudados por Pestañas y les instalaban bancas de madera que casi siempre eran fabricadas en la carpintería de El Amigo -las de nogal siguen siendo las más solicitadas por su resistencia-.  Con éste equipamiento ya quedaba listo el transporte para llevar los mercados a las veredas El Guayabo, El Líbano, La Machonta, La Miel, y las otras diez, de las que en la mañana ya habían recogido las cosechas y los pasajeros que venían a misa de once.  Sin duda, el mejor negocio para ellos era esperar al domingo por la noche cuando ya los campesinos borrachitos pagaban viaje expreso hasta su vereda, pues los buenos precios del café habían sido favorables por aquellos días y les permitían darse esos lujos.fargo_1953_99706374164046093

Volante recientemente había vendido su finca y pudo comprarse una casa en el barrio que llamaremos “Laborista” para no dar muchas pistas de nuestro verdadero personaje.  También se compró una pick-up para trabajar y el resto de plata la prestó a intereses a sus amigos comerciantes.  Por sus escasas habilidades motrices para la conducción, los colegas -entre ellos Tomacalcio– lo empezaron a llamar “Volante”.  Aquél año había sido bastante rentable y llevaba varios meses de constante trabajo por lo que también había aumentado el consumo de cerveza y guaro.  Después de las ocho de la noche le resultó una carrera para La Placita para llevar a un antiguo cliente y amigo suyo.  Como la noche apenas empezaba y el pasajero andaba alegre, pararon a tomarse el último en La Rioja antes de emprender camino.  Allí fueron varios los guaritos que compartieron ambos –pasajero y conductor-, otros tantos se tomaron el La Bomba -donde trabajaban unas “niñas necias” de las que ya hemos mencionado-, luego en la fonda Tres Esquinas y más adelante por la polvorienta carretera llegaron a El Tabique, la fonda más reconocida y alegre de la zona y donde el pasajero se quedó para continuar con su rumba ya cerca de la casa.  Pasada la media noche y de regreso Volante paró donde La Mocha para tomarse un trago más, pero el negocio estaba cerrado y le tocó seguir hasta la curva siguiente y parqueó frente a Ranchopaja, donde el baile estaba en todo su furor.  El reloj de la iglesia marcaba la una de la mañana y la pólvora navideña aún sonaba con furor en las calles llenas de gente festejando cuando nuestro amigo entró al pueblo por la calle La Plazuela con Alci Acosta sonando en el pasacintas.  A estas horas ya el cansancio, el licor y el sereno le pasaban factura a Volante, quien en la esquina donde sus vecinos horas antes rezaban la novena de aguinaldos, cayó dormido sobre la cabrilla.  Lo último que recuerda fueron las múltiples luces de colores dando vueltas a su alrededor en medio de un estridente ruido.

Encerrado en un lugar estrecho despertó algo desorientado sin noción del tiempo transcurrido y con un agudo dolor en la cabeza que le humedecía parte de la frente, pero agradecido por no estar siendo auscultado por Cachibajo ejerciendo su labor forense.  Al frío y estrecho calabozo alcanzaba a entrar un rumor desde algún lugar cercano y lo que escuchó lo preocupó de tal manera que deseó no haber tomado conciencia nunca más:

-Le partió las piernas a María, decía la inquisidora voz.

-Y pasó por encima del niño, agregó otra señora al borde del llanto.

-Y ni que decir de como quedó el pastor contra el poste.

-Pobres angelitos, ¡que tragedia!, Intervino de nuevo la primera voz.

Días después el hombre asustado con una herida en la cabeza y aun enguayabado pagaba una costosa factura que en la descripción decía: “pesebre grande en cerámica de 13 piezas con pastor y angelitos”.

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