Un paraíso con infierno

Este paraíso empieza en el puente de Sabaletas, termina en la piedra de La Virgen y en medio, bajo una vieja ceiba se viven los nueve círculos dantescos, porque no hay paraíso sin infierno.

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Me gustaría conocer el nombre del autor de este dibujo para darle los créditos correspondientes y de paso pedirle su autorización para dejarlo publicado aquí. Agradezco si alguien tiene la información y me la pasa para ponerme en contacto con este paisano.

En éste pueblo se pasa muy bueno, la mayoría de los que nos vamos queremos volver, algunos volvemos pero nos toca irnos de nuevo porque la vida laboral fluye mas en otros lugares. Si se vive allí, todos los días son muy similares, a primera vista perfecto para calificarse como cittaslow o como residencia para jubilados, pero no, todavía le falta encontrar el ritmo y para tener ritmo hay que movilizarse; por eso mismo cuando se pasa algún tiempo lejos, años o hasta décadas, uno llega y todo parece igual que el día en que se fue, sólo que los mas jovencitos ya no te reconocen; esos mismos muchachos que ahora frecuentan esos lugares emblemáticos para nosotros como los lagos del amor, la piedra de la virgen, los charcos de pescaderos, el parque infantil entre otros tantos aptos para enamorar o probar los primeros tabúes; algo así como lo que sucedía en la raíz del quimulá de La Tierra Eramos Nosotros.

¿Quién no se ha disfrutado unos traguitos en el muro del parque?, también donde Rafa, en La Rioja, donde Gabriel, en la Punta, en las fondas de El Bosque, en Ranchopaja, Playarrica o el Guayabo, en la Fabiana o en Itima y mas recientemente en la caseta de Julio el Embera.  Hoy volver al muro del parque inevitable es encontrarse con “Pestañas”, “Colimocho”, “Matojo” y hasta con el recuerdo de “Quintalla”, “Cahibajo” o Rodrigo Valencia, todos en medio de sus etílicas divagaciones. ¿quién pasará mas bueno que ellos?

“Moncho”, “Belkin”, “Honner”, “Candelabro”, “Rusco”, “Piko”, “Luminaria”, “Mefía” y “Falsete” entre otros, se pasan las tardes pachurequiando en una esquina imbuidos en su hobby mas apasionante: comunicar lo no acontecido, lo no vivido y lo nunca imaginado siquiera por los protagonistas de esos cuentos.  Su labor ha roto amistades, acabado matrimonios, dañado negocios y creado una fama sin precedentes, de la que se enorgullecen por sus “inteligentes” y “constructivos” análisis políticos y sociales.  A simple vista y por la propiedad con que se toman la palabra uno pensaría que se trata de la “Misión de los sabios” que un expresidente trató de crear para resolver los problemas colombianos.

Un descarriado converso a ritmo de racheras en una carrosa roja tuvo su época dorada de bacanales en estas calles y muchos festines fornicarios en sus fincas.  Esa generación de muchachos que se dejó cautivar por él y sus extravagancias ya ha sido extinta, salvo uno que otro, pero el “Don” ya reza, comulga y paga el diezmo.

La vida feudal se vive… y se idolatra en algunos casos, sólo basta ver a esos serviles lacayos complaciendo a sus amos, viejos barrigones esperando ser amados por caricias compradas… –¡calláte mirón!– me dice una voz interior, le hago caso y paso al siguiente párrafo para no seguir hablando de estos “monarcas”.

El pueblito es tan bueno -como dijo un amigo- que se lo llevan a volquetadas para Medellín.  Efectivamente hace décadas se explota una mina con la mejor arcilla del país -en la industria es conocida como Arcilla Valparaíso- y sólo nos queda el daño a natura.  Hoy también nos exploran unos canadienses, ¡falta poco para que nos exploten!.

Las tierras son muy fértiles y producen casi cualquier cultivo.  El café, la caña y el cacao fueron la base de la economía en los tiempos en que el pueblo iba en desarrollo, pero ahora los hombres ya no trabajan gracias a los subsidios, porque con lo poquito que reciben sus señoras y los hijos, se acostumbraron a vivir.

Todavía existe un sitio de diversión para adultos del que ya se ha hablado en otros relatos, aunque algunas serviciales muchachas prestan sus independientes servicios a ciertos gamonales que también van a misa los domingos y fiestas de guardar.

Ya no está la prendería de Luis Ramírez, ni la de Leví, pero los varados pueden llevar sus alhajas o prestar unos pesos bajo la modalidad de “gota a gota” y por eso a fin de mes se ven desfilar, entre otros, a muchos profesores para salirse de apuros financieros, especialmente los más piperos.

Todavía es común ir a mecatiar pichirrichi con marialuisa en la panadería de los Arias, o comer arepas con todo donde la mona, o bombón de pollo mal frito donde Bon Bón o chupar cremas y bolis que venden en casi todas las calles contribuyendo a la economía familiar de algunas juiciosas señoras.  Eso sí que no falte la gelatina de pata o jalea que hace Doña Fabiola, ¡que cosa tan buena!, y las panelitas de Doña Francisca.  Lo que sí se han perdido éstas últimas generaciones es la jaruma, el gaucho y el minisigüí o minisicuí (no se como se dice) que vendían en la escuela, ese fue el primer mecato que consumí antes de conocer los chitos yupi y las papitas.

Por sus calles discretamente he visto transitar a varios intelectuales pasando desapercibidos; sabios que no quieren ser adulados y por eso están allí, porque nadie se fija en ellos, hasta en ocasiones son menospreciados y si acaso han sido reconocidos por alguien hasta se hacen los tontos.  De esos sabios discretos tenemos varios, ojalá llegaran más a refugiarse en éste paraíso.  Por ésto todavía es posible enredarse en una interesante conversación entorno a un buen tinto.

No faltan las personas espirituales de vitrina que van a su ritual solo para que las vean y en el fondo llevan su conciencia tan sucia que ni los santos sacramentos son suficientes para ocultar su oscuridad.  Bendito el día en que esa sombra se disipe de nuestro pueblo.  El camino de la espiritualidad no se mercadea, se vive con discreción. Más amor y menos alarde.  Actuar y no cacarear.

En ésta tierra los políticos se hacen inteligentes con los votos.  Mientras están en campaña son humildes, escuchan, analizan, son respetuosos de otras opiniones; pero al ser elegidos su coeficiente intelectual misteriosamente sufre una gran evolución y ya no necesitan de nadie ni de nada.  Son autoritarios, conocen la soluciones a todo, pero no solucionan nada y solo los suyos son los intereses válidos.  Es una conducta que se ha repetido tantas veces que ya se asume como lo normal.  Pero no sólo es culpa de ellos, los otros tampoco hacemos nada.  Y todavía en éste pueblo se pasa muy bueno.

Paradójico es también que en una cuna tan pacata, mojigata muchas veces, haya nacido unos de los librepensadores mas importantes de nuestro país y aunque nosotros mismos no lo reconozcamos así, basta ver cuántos tratados han sido escritos sobre él gracias a su legado intelectual.  Uno de los mas grandes intelectuales de la nación y aquí ni siquiera su obra conocemos, gracias a la lerda sociedad local que nos enorgullece.  El General Uribe Uribe hasta nos enseñó como tomar un buen café.

Los artistas son muchos, muy buenos casi todos como Rogran, Chocho, Vicente, Roke, Chatarra; aunque hay otros tan malos como yo pero que harto nos divertimos haciendo cositas.  Los cantantes, los poetas, los pintores, los escultores, los duros de las artes escénicas como PETEVAL, Claroscuro, La Vendimia, Teatro Popular de Valparaíso -TPV-, Viajeros del Tiempo y hasta escritores, sólo por mencionar algunos de los que nos han dado gran reconocimiento.

Insisto, en éste pueblo se pasa muy bueno.

Por todo lo anterior y por otras cositas, digo que éste paraíso empieza en el puente de Sabaletas, termina en la piedra de La Virgen y en medio, bajo una vieja ceiba se viven los nueve círculos dantescos, porque no hay paraíso sin infierno.

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Un comentario en “Un paraíso con infierno

  1. Pingback: Los espantos del pueblo | Los Recortes

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