La aventura de Pepe Chuleta y Gavilla

Pepe Chuleta y Gavilla siempre fueron amigos jocosos, muy fogosos según dicen y compartían además de amistad exquisitos gustos juveniles.  Pepe quiso aprender el oficio de la conducción motivado por su gran amigo Gavilla, quien manejaba un moderno camión, y en estas zonas semi-rurales de la época ese era un oficio bastante distinguido, por lo que fue difícil que Pepe no aceptara la oportunidad, añorando además un futuro prometedor en el gremio de la gasolina.

Desde el inicio se compenetraron mucho en la tarea, de arriba para abajo, toda la dedicación y todo el tiempo fueron bien aprovechados.  Las difíciles trochas eran un gran reto para adquirir habilidad y así mismo, también fueron bien aprendidos los consejos de mecánica para desvares en carretera como la clara de huevo para tapar huecos en el radiador, banano maduro para lubricar la transmisión, medias veladas para reemplazar las poleas del compresor, la cajita de fósforos para calibrar los platinos, cocacola para aflojar tuercas oxidadas, hasta tomar orina para pasar pruebas de alcoholemia.  Esos eran los secretos que todo buen chofer se guardaba solo para sus aprendices mas cercanos.

Casi todas las pruebas habían sido superadas: arrancar en subida, prender el carro rodando, iniciar el carburador, puentiar los fusibles, sangrar el líquido de frenos, limpiar con limón los bornes sulfatados, sacar gasolina del tanque chupando el sifón, cambiar llantas, entre otras actividades dignas de la profesión fordiana.  También aprendió a diferenciar herramientas como alicates, destornilladores de estrella o de pala, llaves bocafija, llaves de estrella, palanca para el gato y tacos para cuñar las llantas, antorcha para señales nocturnas; lo único pendiente por aprender era la funcionalidad de la cajita de vaselina que había entre la caja de herramientas.

Los niveles de líquidos de frenos y batería estaban correctos.  El viaje de graduación empezaba en la variante y terminaría en La Pintada, después de ésto solo quedaría sacar el pase en Aguadas, y así fue como inició la aventura.  El arranque fue suave y el clutch fue bien sincronizado con el acelerador.  La bajada del cementerio fue bien sorteada con experticia ayudando a frenar con el motor ya que el camión iba cargado.  Lo demás sería un paseo, sólo que al cruzar el puente donde inicia el pueblo, camionfrente a la virgen de Lourdes, el camión al fondo fue a dar -como dice la canción- y parece que el motivo no fue la inexperiencia del aprendiz, ni mucho menos fallas mecánicas, mas bien fueron los  reflejos de Pepe ante la inocente equivocación que Gavilla tuvo al agarrar la palanca equivocada para meterle la segunda, mientras el aprendiz se concentraba en choferiar.

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