Yeayea

Samuel XXX, padre de nuestro personaje de hoy, con ese nombre de aire nobiliario debería ser considerado como el Conde de La Trinidad y por consiguiente, nuestro amigo Bernardo, su hijo, debería ser Lord Yeayea, pero como por fortuna en nuestra tierra no tenemos monarquías -aunque no falta el “Garra” que pretenda serlo-, nuestros amigos seguirán siendo “Treinta” y “Yeayea”, como siempre los hemos conocido, sin títulos, sin riqueza, sin condado.

Bernardo, o “Yeayea”, como mejor se le conoce, adoptó ese apodo de un coro que se usaba bastante en la década de los 80’s para animar nuestros equipos de fútbol, baloncesto, microfútbol, voleibol o demás deportes en los que nuestros paisanos se enfrentaban a los rivales de otros municipios de la región.  Por aquella época Bernardo era un joven entusiasta quien adoctrinado por improvisados porristas era el primero en entonar el famoso coro.  Hoy de ese joven alegre y extrovertido queda poco, cada ve más silencioso, cada vez más desapercibido, cada vez más pasivo, cada vez es más paisaje que habitante de nuestro territorio.  Esa efusiva alegría se ha ido apagando con los años, como retrato de la alegría que día a día se expresa menos en nuestras calles porque ahora la amistad la medimos más en “likes” que en carcajadas frente a frente con los amigos.

12023138_899951486708889_1195484578_nBien conocida es su faceta de militante político conservador, por lo mismo que ha vestido las camisetas azules en todas las campañas electorales que recuerdo y sólo en una ocasión he sabido que fue compensado por ello al ser contratado por su candidato cuando llegó a la alcaldía con Yeayea como voceador de la campaña.  Si la memoria no me engaña, en esa administración también fueron contratados, por los mismos motivos Pestañas, Jice, Rebaño, Tatio, entre otros, pues desde la campaña se habían ganado la gratitud del nuevo mandatario local.

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Al verlo, su presencia me recuerda esa esencia  infantil que los otros ya hemos perdido y que sin embargo, en él sigue viva.  Tendríamos que evolucionar hacia una conciencia infantil para entenderlo y de paso reparar en algunos de nuestros defectos de adultos.  Hacer el ejercicio vale la pena y ahí tenemos al maestro.

Bernardo camina silencioso por nuestras calles, a veces también silencioso duerme en las bancas del parque y cuando se vaya seguro habrá otro enorme silencio que nos hará recordar que por aquí pasó un hombre noble, un niño cincuentón que no aprendió a montar en bicicleta.

Con frecuencia se le ve correr por las calles agitando sus manos, tal vez con deseos de elevarse y volar a paraísos mas justos que éste, donde el afecto no le sea esquivo y su espíritu sea tan libre como el de Darío.

p.d. Premio para el que recuerde el apellido de Bernardo. y… ¡Yeah yeah, yeah yeah yeah, yeah yeah yeah,yeah yeah…!

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2 comentarios en “Yeayea

  1. Bien, recuerdo el primer apellido de Bernardo Velez, por favor siempre me transportan sus finos y elegantes escritos sí así lo puedo llamar. Gracias reciba mi respeto y admiración.

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  2. Pingback: Pestañas | Los Recortes

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