La salida de misa.

Es deber de todo católico ir a misa los domingos y fiestas de guardar (como mínimo) y yo que nací en una familia tradicional no iba a tener posibilidades de cambiar ese deber milenario, -al menos hasta cuando estaba más grandecito y ya no vivía en la casa materna-.  Y aunque se celebran misas todos los santos días, no es lo mismo la salida de misa un día cualquiera que la salida de misa de un domingo.

Foto: Gabriel Carvajal - 1955

Foto: Gabriel Carvajal – 1955

Tradicionalmente han sido tres las misas que se celebran el día del Señor, casualmente el mismo pagano día del sol (sunday), según otras creencias: a las 6:00 a.m., a las 11:00 a.m. y a las 6 p.m., siendo la de las once la más concurrida, pero cada una de ellas con un público particular.

A las 6:00 a.m. es común ver a los tenderos, a los carniceros, algunos conductores y a los comerciantes, porque “el que madruga Dios le ayuda” y esto aplica especialmente para los negocios.  Así mismo son fieles madrugadores muchos adultos mayores, quienes después de las cuatro de la mañana ya no pueden conciliar sueño, bien sea por la costumbre de toda una vida de constante madrugar o por la sana costumbre de dormir desde tempranas horas de la noche. Los señores con elegante sombrero Stetson o Barbisio pero que todos conocíamos popularmente como “gardeliano” -el mismo que he querido usar desde pequeño, pero la moda y mi inseguridad no me dejan- y las señoras con la infaltable mantilla o cachirula, ya pasada de moda pero que por la costumbre se resistían a abandonar.  A esta hora tampoco podía faltar mi familia y, ahí, en la primera banca estaba yo cabeceando, peleando contra la fuerza de gravedad para no dejar caer ni la quijada ni las babas, mientras adormecido aún por el madrugón trataba de seguir como autómata los coordinados gestos del ritual dominical: pararme cuando todos se paraban, arrodillarme cuando todos se arrodillaban y murmurar lo que todos murmuraban.

Cómo no iba a estar dormido si el sábado en la noche era el único día que presentaban películas buenas por la Cadena Uno o la Cadena Dos de televisión (porque por aquellos días no había parabólica ni tv por cable).  Esos sábados, a escondidas me veía películas como Las Pesadillas de Freddy Krueger, Tiburón, Orca la ballena asesina, Rambo, entre otras.  Y como era de suponerse, trasnochado y una levantada a las cinco de la para mañana bañarse con agua fría y después pegar esa caminada hasta la iglesia con unos zapatos de charol que tallaban, no era ninguna motivación para un día de descanso, para un día de adoración. Por fin, ya cerca de las siete de la mañana, se terminaba el santo ritual después de los obligados avisos parroquiales y el ofrecimiento de las boletas para la rifa parroquial.  Así como la repetición de las sentadas, las levantadas, las arrodilladas y las señales de la cruz, también era repetido el recorrido a la salida, pues siempre salíamos por la misma puerta y nos dirigíamos a la misma mesa de la cafetería “El Real”, donde a manera de desagravio -así lo sentía yo- podía pedir lo que se me antojara, siempre que fuera la gaseosa (naranja Postobón) y buñuelo caliente. Los demás pedían “periquito”, es decir, café con leche, acompañado con buñuelo.  El mismo pedido se veía en casi todas las mesas con unas contadas variaciones.  También se llenaba de feligreses la panadería de Don Eleazar, que estaba a una cuadra más abajo y quien a pesar de ser Testigo de Jehová era de los que más se beneficiaba del rito católico por las ventas que lograba.  Cuando la discoteca “Candilejas” se convirtió en panadería, también se empezó a llenar con los madrugadores feligreses.  La que no recibía muchos rezanderos madrugadores era la panadería de Miguelito, porque estaba al tope con los pasajeros de la flota de buses que viajaban para Caramanta y Medellín.

El público de la misa de once era muy diferente, era la misa de la familia, a la que llevaban a casi todos mis amiguitos de escuela. Yo me preguntaba por qué no pasaba lo mismo conmigo, si era un horario menos traumático, pero a mi edad no tenía derecho a discutir las decisiones de los adultos.  A esta hora ya habían llegado a la plaza los primeros recorridos de los chiveros que traían feligreses de todas las veredas para cumplir con la sagrada cita: Tulio hacía el recorrido del Guayabo, Mallarino, y La Placita; Miguel Jaramillo venía con gente desde Playa Rica, La Miel y algunas veces de San Pablo, el miso recorrido que alternaba con Quirama en su descolorido Fargo; Cucharada también alternaba recorrido con Tulio o hacía la ruta desde La Quicha, El Líbano y San Cayetano o se iba para Naranjal; Suso Estrada tenía el monopolio para transportar a los Embera desde su resguardo, hasta cuando el trágico accidente lo alejó de esa ruta, la que conocí gracias a la pick up Dodge en la que alguna vez acompañé a mi papá a recoger “memes”, como despectivamente les decían; otros más piratas hacían los recorridos de Bolaños, La Comuna o La Machonta. El hecho es que en la misa de once había más de medio pueblo y podría considerarse la más importante de todas, la más concurrida, la más comentada, la más larga y la más rentable por el monto de la limosna que se recogía.  A la salida de esa misa lo primero que se veía era a Amanda con el megáfono vendiendo las últimas boletas de la rifa parroquial, haciendo el sorteo de los quinientos mil y promocionando las empanadas de las señoras de La Legión de María. También estaban los tendidos de cachivaches en la plaza vendiendo sus cositas, las tiendas y el supermercado se llenaban de gente, los toldos de las carnicerías vendían sus últimas existencias, los toldos de las verduras ofrecían los últimos repollos y las cantinas empezaban a encender los ánimos con tangos y rancheras a todo volúmen. A las doce del día coincidían en la plaza los feligreses, los caficultores que acababan de recibir el pago de su producción y los jornaleros con la quincena en el bolsillo; todos con la intención de dinamizar la economía local.panoramica

La salida de la misa de 6:00 p.m. también era rentable, pero no tanto para la parroquia como para las heladerías, pues era la preferida de los adolescentes, de los enamorados, de los estudiantes del bachillerato que ya empezaban a cortejar, y nada mejor para rematar el fin de semana que ir chuparse un helado o tomarse un fresquito con la muchacha que a uno le gustaba, obviamente después de haber asistido a misa, la más celestina de las tres. Los lugares favoritos eran el Kiosco central o las heladerías “El Encuentro”, “La Ventana”, “La Clarita” y “El Bodegón”.

La salida de misa era el mejor momento para atisbar a las muchachas que siempre iban con su mejor vestimenta y su buena actitud coquetona, pero la coquetería no se aguantaba hasta la salida a la plaza, muchas veces antes de llegar al atrio ya se habían flechado con las miradas y gestos sutiles dentro de la iglesia.

Por todo eso lo mejor de los domingos era la salida de misa.

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3 comentarios en “La salida de misa.

  1. Antonio cordial saludo. Gracias por la alusión a la Panadería de Miguelito pero imperdonable olvido cuando de misas se trata de peculiar personaje que en las de 6.00, 11.00 y otra vez por la tarde y aun sin misa y diariamente era el primero: Sr. Guillermo Garces.

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