Cosas de la alcaldía y otras oficinas públicas

En el concejo municipal (1)

Copy of MORGANSEn el honorable recinto se discutía la necesidad de una motobomba nueva para la fuente de la plaza. El tema principal de la sesión era la potencia, es decir, “los caballos de fuerza” que debería tener para cumplir la tarea con eficiencia. En ese momento, uno de los concejales despistados, pedía enérgicamente la palabra para requerir que en vez de caballos tenían que usar mulas, porque tienen más fuerza, trabajan más y comen menos.

En la tesorería (1)

Frente al palacio municipal está la fuente, en cuyo muro los paisanos nos sentamos a departir, mientras los chorros de agua sueltan alguna brisa que refresca el ambiente. La primer oficina municipal que se ve desde allí es la tesorería, porque su ubicación en la entrada del edificio facilita el acceso a las taquillas para el pago de impuestos y demás trámites pertinentes. Don Arturo acaba de llegar de la vereda Mallarino en la chiva de Tulio y se va directo a la taquilla de pagos a recoger su cheque por las guaduas que días antes había vendido al municipio, el tesorero le explica con detalle la cuenta y sus retenciones, pero antes de terminar lo sorprende un inesperado madrazo de don Arturo: “¿Cuál jueputa Retención en la Fuente me van a cobrar usté, si yo nunca me he metido en ella? ¡yo ni siquiera se nadar!”

En el concejo municipal (2)

La acalorada discusión en la sesión sobre el presupuesto municipal giraba en torno al rubro para la compra de un “yip”, pues era necesario para que los funcionarios pudieran hacer presencia en las zonas rurales del pueblo y además serviría para transportar a los concejales hasta sus respectivas veredas, una vez terminadas las sesiones nocturnas. Enérgicamente el concejal del corregimiento El Crucero ponía solo una condición para aprobar el acuerdo: “El aeropuerto para el “yept” tiene que construirse en mi corregimiento, porque es el único lugar del pueblo con terreno plano para aterrizar”.

En campaña (3)

Otro de esos personajes “inteligentes” y “laboriosos” inscribió su campaña para la alcaldía con el aval de uno de los partidos más tradicionales, lo que le garantizaba un buen número de votos que al final le alcanzaron para lograr su cometido. Lo que no se supo es cómo carajos iba a cumplir su promesa de campaña al afirmar: “¡cuando sea alcalde voy a trabajas las 24 horas de día… y por la noche también!”

En la alcaldía (1)

Rosita rara vez llegaba temprano a trabajar, hasta que cierto día se encontró en la entrada del palacio municipal con con el alcalde. Sin tiempo de esquivar el camino reaccionó con agilidad diciendo:

– Alcalde, cómo le parece que amanecí muy enferma, ¡con vómito y todo!

– Que excusa tan floja Rosita, me la tiene que reforzar para poderle creer.

– Alcalde, ¡imagínese que además tenía diarrea y todo!

En la tesorería (2)

La hora de reparar el alumbrado público se había llegado, por lo que el alcalde llama apresurado a Dianita, la tesorera, quien también ejercía como almacenista.

– Dianita, cotíceme con urgencia las lámparas de mercurio para el alumbrado de las calles.

– Alcalde, con el presupuesto que tenemos no nos alcanza ni para lámparas de merthiolate -responde la ilustre.

En la alcaldía (2)

Los domingos es interminable la fila para hablar con el alcalde. Ese día, Maye, la secretaria, quiso ayudar a su jefe clasificando las visitas según la petición que le traían. Al llegar donde doña Elena, ésta le dice que necesita que el alcalde le ayude con un mercadito.

– ¿Y cuál de los tres niños es el hijo del alcalde? -Pregunta la secre con pícara cara de sorpresa y en tono de chisme .

– ¿Cómo le ocurre pensar eso Mayecita?, ¡No ve que el alcale es un señor muy serio!

– ¡Ahhh!, Entonces ¿por qué tiene el alcalde obligación con usted?

En campaña (4)

El día de elecciones, una alegre sufragante, que, aunque le dicen “La Gorda” no es tal, lo que sí tiene es un ojo consentido. Su extrovertida personalidad la lleva a expresarle con espontaneidad el afecto que siente por su candidato de preferencia y le dice:  “Yimicito, a yo estoy segura que ganamos estas selesiones, sino las ganamos es por jueputas como mi marido “El Poco” que vea como lo tengo sufriendo por trájuga. A yo se que aquí hay mucho torcido, pero lo que soy yo no me le tuerzo a usté, porque a yo no me tuerzo sino con mariguana.”

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