Los espantos del pueblo

2En lugares como Valparaíso, donde todavía sobrevive la tradición oral negándose a ser desplazada por las redes sociales, es común escuchar historias que, de generación en generación, se van perpetuando, por lo que se hace aquí una pequeña reseña de aquellos seres de otras dimensiones que andan por nuestro territorio, entre nuestra gente.

La monita de la escuela: en la antigua escuela de niñas, la que tiene nombre de prisión de mujeres: “La Modelo”, habita el espanto de una hermosa niña, que vestida de blanco merodea entre los árboles de mango del patio y los corredores de la escuela. Ha sido tal su difusión, que hasta en desfiles populares ha sido representada. Su origen se remonta a una época distante, indeterminada, pero lo que sí se sabe es que por un descuido, una niña que asistía a la preparación para la primera comunión, cayó a uno de los tanques de reserva de agua, sin que nadie se percatara; su inocente cadáver fue encontrado días después. El intenso deseo que la niña tenía por hacer su primera comunión se vio tan frustrado que su espíritu sigue vagando con el vestido blanco para la ocasión.

El espanto de los taximotos: Tal vez uno de los espantos más recientes y tenebrosos es éste, y ya ha hecho mojar los pantalones a más de uno. Se le ha aparecido a los conductores de taximoto que ebrios y pasada la medianoche se han atrevido a coger camino desde Pescaderos. Al pasar junto a la peña la vía se reduce a un solo carril, porque la quebrada ha erosionado el resto de la vía; en ese sitio es necesario bajar la velocidad para poder pasar con seguridad, pero inmediatamente después de superar ese tramo, el taximoto siente como se asienta el peso de un parrillero que no lleva. Quienes se han atrevido a mirar atrás dicen haber visto la silueta de una joven mujer con cabello largo y rostro cadavérico como parrillera. La conciencia la vienen a recuperar al llegar a La Fabiana, sin saber cómo han podido recorrer ese trayecto tras el fantasmal encuentro. Pero no solo los motociclistas han dado testimonio de aquello, también algunos conductores que ebrios y solos han pasado por allí dicen haber sentido una extraña compañía que no llevan y al mirar por el espejo retrovisor interno, han visto el mismo rostro cadavérico en el asiento de atrás… Luisa no se ha podido ir y sigue buscando quien la lleva de regreso a casa, de donde una vez el paramilitarismo la sacó.

La curva del diablo: También son varios los testimonios de quienes dicen haber presenciado a un misterioso perro en este famoso sitio de la carretera que va hacia la pintada. El pequeño perro negro sigue los pasos de los caminantes que en horas de la noche pasan por allí, mientras el caminante trata el alejarse acelerando su paso, el perro va aumentando su tamaño hasta lograr la altura de un ternero, a la vez que va arrojando fuego por la boca y los ojos. Solo un padrenuestro y la señal de la cruz pueden detener la aparición.

dsc_5478El espanto de Rafael Uribe: realmente no es el espanto del General, es un espanto que existe en la propiedad que fuera de la familia Uribe Uribe, donde hoy está la Casa Museo Rafael Uribe Uribe. Allí vivió un señor de apellido Gómez Ochoa y quien durante los últimos años estuvo aislado debido a que padecía de lepra. Al fallecer, su cadáver, junto con todas sus pertenencias y utensilios de cocina fueron enterrados en el patio de la casa que luego fue demolida. Su espíritu sigue anclado a ese lugar, espantando y clamando salir del limbo eterno en que se encuentra, seguramente por no haber sido enterrado en camposanto.

Cachibajo: dicen que al finalizar las celebraciones patronales, el día de la “vacaloca”, después de la medianoche, los borrachos que aún se serenan en los muros del parque, escuchan la inconfundible carcajada de Cachibajo y hasta ha habido quien asegure haberlo escuchado murmurar desde la esquina de los Arteaga, donde aconteció el fatal accidente, lo siguiente: “¡Valparaíso pueblo querido, Cachibajo no se ha ido!”

El diablo de la molienda: este espanto ya lo había narrado en un relato anterior, pero lo resumo aquí: En una molienda, por la década de los años 50, no daban la bola de panela a los paisanos que con esa intención llegaban al trapiche. Cierto día un forastero llegó a pedir su bola, pero ante la negativa del mayordomo de la finca, bebió un gran sorbo de miel hirviente que sacó de las pailas con el remellón, ante la aterrorizada mirada de los peones. Tras regresar, después de la despavorida huida, encontraron unas huellas de pezuñas y un fuerte olor a azufre, que desde las pailas, iba hasta el interior del horno del trapiche. Para más detalles ver el relato “Con cachos y con cola”.

 La niña de la ludoteca: en el antiguo convento de clausura,donde posteriormente funcionó el colegio, luego la ludoteca y donde ahora se construye un 574441_3490666499802_1177737591_nparque educativo, se ha sabido que usualmente, cuando hay allí grupos de muchachos (los de teatro, la escuela de música, los de danza, etc.) camina entre ellos una tierna niña de unos ocho años, llevando un vestido rojo de bolitas blancas. Lo curioso es que quienes la han visto no experimentan sentimiento alguno de miedo y solo después de haber salido del lugar son concientes que la niña anduvo entre ellos. Su origen no ha sido determinado.

plazaEl duende de los teléfonos públicos: este es otro de esos espantos que suele salirle a los borrachos después de la medianoche. Dicen quienes lo han visto que es un duende y que inicialmente ven un niño que se cuelga de los teléfonos públicos ubicados por los lados de la ceiba, frente a la Cafetería de Rafa. Mientras los borrachos se van acercando al teléfono, el duende va aumentando de tamaño, alcanzando alturas incalculables hasta llegar a las ramas de la ceiba. Hasta el momento ninguno de los espantados ha sabido dar razón del destino de aquél gigante, pero después de cada aparición resulta una extraña marca en los teléfonos públicos que solo vuelven a funcionar al día siguiente.

Los Jai de los embera: la superstición indígena es mucho más rica que la nuestra y por lo mismo tienen al Jaibaná, quien es uno de los ancianos sabios sin el cual su comunidad no podría vivir ya que es él quien les libra de todos los males causados por los “Jai”. En su comunidad tienen varios, entre ellos, el que más daño les ha causado es el que hace unos años erosionó gran parte de su territorio, el cual hasta el momento no puede ser habitado, pues aún no ha sido sanado. También están los Jai que habitan las quebradas, los que acechan a los niños y los que causan enfermedades.

 En el resto del pueblo, especialmente en las veredas, se han escuchado testimonios sobre el pollo maligno, el cual si se escucha su piar lejano, es porque está muy cerca, mientras que si se le escucha cercano es porque ya está lejos. Al caballo de tres patas se le ha sentido galopar principalmente por la carretera del cementerio y por la piedra de la virgen. Y ni pensemos que en estas tierras del paraíso con infierno estamos exentos de la presencia de la Madremonte, las brujas, la Patasola, el Mohan, la Llorona y otros tantos espantos de la tradición popular.

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