Los miércoles

Copy of MORGANS (1)En nuestro pueblo, como en los otros de la región, los miércoles son un “día muerto”; ese es un día solitario, es un día melancólico, calmado, silencioso y triste. Ese día, el tablerito que una vez apareció colgado en la esquina de El Real para dar noticias, para felicitar, para denunciar, en fin, para contar cosas, no tiene quien lo lea. Muchos negocios no abren sus puertas al público; público que ese día tampoco sale a la calle.

El miércoles es el día oficial de descanso para los funcionarios públicos, por eso las oficinas están cerradas y a esa pausa laboral se le suman algunas empresas más. Los miércoles en la plaza espantan. Tan solo después del mediodía se ven pasar algunos estudiantes al haber terminado su jornada escolar, y ya cayendo la tarde, cuando algunos comerciantes abren sus locales, para “matar” el aburrimiento, se ven algunos asiduos clientes que llegan a tomar su acostumbrado tinto. También empiezan a cruzar la plaza los muchachos de la escuela de música rumbo al ensayo diario; también los músicos independientes, entusiastas muchachos del rock, el rap o el regué, se reúnen con la ilusión de hacer buena música y grabar los videos que un cómplice titiritero les hace con profesionalismo.

Los miércoles el ritmo se desacelera, los miércoles el tinto sabe a tinto y las conversaciones son más profundas, los miércoles invitan a reflexionar, los miércoles son los mejores días para descansar.

Los miércoles están contraindicados para los propensos a la depresión y en esos casos es mejor no salir a la plaza, lo mejor es una caminada con los amigos o hacer el típico paseo de olla o irse para la finca de algún conocido. En todo caso, no es recomendable salir a la plaza antes de las cinco de la tarde. Las noches de los miércoles sí son como las demás noches de la semana: igual de tranquilas.

Los miércoles son así porque son días perfectos.

El pichirrichi

Copy of MORGANS (1)Esa extraña bebida rosada, de cuya fórmula secreta son custodios los descendientes de don Ramón y doña Graciela, parece que seguirá calmando nuestra sed gracias a los Arias. Desde hace unos años ha sido reconocida como uno de nuestros productos típicos, no se si por su rareza o por el sugestivo nombre que lleva. Los foráneos cuando escuchan ese nombre, lo primero que preguntan es qué tanto tiene de afrodisiaco, ¡pero ese rosadito que afrodisiaco va a ser!

Un combinado perfeco para el pichirrichi es la marialuisa, una parvita con la misma forma de la miloja, pero muy diferente; es como una sanduchito de dos pancitos rectangulares con una cremita rosada en medio (rosado con rosado, dulce con dulce; así es nuestro fino paladar valparaiseño).

Aunque ha sido reconocida como nuestra bebida típica, también la vendían en una panadería caramanteña, la de los Henaito, primos de los Arias de aquí, aunque la “joya de la corona” de la panadería de los Henaito era el pastel de arequipe que solo hacían los martes en la tarde, a la hora de la salida del colegio; así pues que la fórmula del pichirrichi no ha salido de la familia, aunque en una ocasión sí vi una bebida similar o “chiviada” en las calles de Medellín y no me atreví a probarlo ¡que tal que fuera adulterada y me dejara ciego!, pero también cabe la posibilidad de que fuera un Arias quien la hubiera llevado a esas nuevas fronteras.

Hay quienes dicen que es lo mejor para calmar el guayabo, pero eso lo dejo para que cada uno calme su curiosidad. Vaya emborráchese en “El Pesebre”, la cantina de mi tío, y luego pase al frente, a la panadería de los Arias y tómese un pichirrichi. Las otras propiedades de esta bebida deberá descubrirlas cada uno, yo no voy a dar pistas.

En mis averiguaciones tuve acceso a la fórmula secreta, pero el pacto de confidencialidad me impide contarles qué resulta de mezclar esencia de cola, esencia de vainilla, leche, azúcar y agua. Ese secreto también me lo llevaré a la tumba, pero no le cuenten a los Arias que yo conozco su fórmula familiar. En todo caso, el mejor pichirrichi es el de ellos… perdón, el único pichirrichi es el de ellos, los demás son burdas copias.

Recomiendo terminar una buena caminada de esas que se suelen hacer los miércoles en la tarde con un frío vaso de pichirrichi.

No nos extrañemos si un día de estos vemos esa rosada bebida en pet o enlatada y distribuida más allá de la piedra de la virgen y más allá del puente e Sabaletas, por el momento seguimos esperando la llegada de un empresario que nos lleve este producto a la fama.

¡Venga a Valparaíso, tome pichirrichi y sea feliz!

Don Pacho, el boticario.

Copy of MORGANSSeguramente ninguno de nosotros reconoce el nombre de Francisco Escobar, pero sí el de “Pacho” Escobar, a quien todos referenciamos en su botica, y de él, de Pacho, no de Francisco, se trata ésta historia.

De pequeño todos mis males los curaba don Pacho y por eso fue que siempre lo consideré un sabio que se sabía la fórmula exacta para preparar unos jarabes que sacaba de unos frascos grandes de vidrio y con los que uno siempre se aliviaba, eso sí, antes del jarabe uno debía tomarse un amargo purgante y era preciso que toda visita a su botica implicaba un berraco chuzón de aguja con esas jeringas de vidrio que se usaban hace muchos años. Todavía siento esos chuzones, ¡todavía me duelen!

Su botica, ubicada en el marco de la plaza, tenía unas enormes estanterías de madera que llegaban hasta el cielorraso, todas llenas de frascos y frasquitos. En su mostrador estaba la antigua máquina de escribir con la que pulcramente tecleaba las fórmulas y recomendaciones para manejar la enfermedad: “…al niño tres cucharadas diarias del jarabe por ocho días…”.

En la puerta de entrada siempre hubo dos objetos colgados que llamaron mi atención: un esqueleto de plástico, pequeño y blanco que se balanceaba graciosamente con el viento y una macabra cabeza reducida (espero que fuera una réplica) colgada del pelo, con los ojos y la boca cosidos. Asquerosa.

El olor a botica no se me olvida, ahora sé que ese olor era el mismo “complejo B”, la panacea en curó todos los males de mi infancia y de varias generaciones de paisanos.

La sabiduría de nuestro boticario no fue de academia, aunque siempre pensé que era médico, pero parece que no, según he sabido recientemente. Pacho fue aprendiz del doctor Escobar, un tío suyo, quien sí fue médico titulado y de quien aprendió el oficio de recetar.

Nunca vi a don Pacho hacer vida social fuera de su botica, tampoco lo vi desviarse del camino a su casa que quedaba en la misma plaza, diagonal al local, pero sé que fue un hombre de placeres carnales y de alguna manera socializaba con las féminas locales, de cuyas aventuras ha habido varios reclamando paternidad.

Los últimos días de don Pacho fueron silenciosos en una cama del hospital local, donde muchos valparaiseños pasaron a verle, tal vez como gesto de agradecimiento. Allí, lentamente se fue desvaneciendo su vitalidad, hasta convertirse en el respetado recuerdo que es hoy, el recuerdo de un hombre que trabajó con convicción por una comunidad de la que nunca se alejó.

Esa extraña figura entre médico, jaibaná y farmaceuta era don Pacho. Después vinieron a desempeñar una labor similar el doctor Jorge Iván en su consultorio del edificio del café, donde nos atendió por varios años y la doctora Gloria Mery, quien ahora lleva con altura el legado de don Pacho.

La universidad de la vida

Copy of MORGANS (2)Mi amigo “Jimmy”, nieto del reconocido panelero don “Ernesto Castañeda”, heredó de él su gusto por los negocios, aunque parece que no su habilidad. De Jimmy me sorprende su enorme agilidad mental, especialmente entrenada para el humor espontáneo, así mismo, efectiva a la hora de cortejar. En cierta ocasión nos contaba sobre la vez que andaba de invitado en la finca de unas muchachas de la “alta sociedad” medellinense, algo “necias” ellas. En algún momento la mamá de las muchachas, a quien se le notaba la admiración por los finos modales de Jimmy, no dudó en indagar por el origen de su apellido y menesteres de familia. Atraída por el prospecto de hombre que quería para mejorar la estirpe de sus hijas siguió con el cuestionario:

-Mijito, ¿cuéntame pues en qué universidad estudiaste?

Jimmy, cuya mayor aspiración académica fue aprender a firmar con buena ortografía (aunque no con buena caligrafía), no lo pensó mucho antes de responder.

-Yo estudié Negocios en la “Old Spice de Shulton”, doña Ángela.

-Si ven hijitas, ¡éste sí es un hombre culto! –Responde convencida la ingenua señora–.

Conociendo a Jimmy, no dudo que haya realizado postgrados en “universidades” como “La Fisher Price” o la “British Airways” y los hijos por lo menos estudiarían en la “Procter and Gamble”.

old spice