Sumando lustros

Familia y amigos, gracias por las llamadas, los mensajes y todo lo de éste día y, a propósito del motivo, quiero compartirles unas cuantas cositas que me han sucedido en días recientes:

2Empiezo por contarles que hoy, en vez de usar loción, lo empecé usando cremita de caléndula para las laceraciones y de coca para los moretones. Ya sabrán por qué.

 Después de mi última visita a la peluquería salí algo intranquilo, no precisamente porque haya habido alguna señal de la inevitable alopecia, todo lo contrario, aparecieron pelos donde antes no habían, y allí fue donde la tranquila motilada dejó de serlo. Cuando estábamos por terminar, veo una tijera pasar muy cerca de mis ojos para después cortar unos largos y rebeldes pelos que habían crecido en las cejas. Varios fueron los pensamientos recurrentes que me invadieron el resto de la tarde, y al llegar a mi casa, solo había una cosa urgente que hacer, por lo que me dirigí ansioso al baño y, frente al espejo, la tranquilidad volvió a mi ser al verificar que, al menos por ahora, no tengo de esos horribles pelos en las orejas.

De haber sido otro el hallazgo, ya estaría buscando un buen centro de depilación láser o estaría visitando un buen sicólogo. Al fin de cuentas he supero ese momento, pero para lograr una mayor tranquilidad y relajarme por completo me fui de compras, eso sí, a comprar algo sencillo que no me quitara demasiado tiempo y fue así como llegué al centro comercial en busca de una camiseta sencillita.  Estando allí me di cuenta que el centro comercial de cuatro pisos había sido ampliado y en la nueva edificación había por lo menos otros cuatro pisos y una cantidad incalculable de locales comerciales, casi todos de ropa.

Para superar la frustración que ya traía, con dos o tres de esos almacenes que visitara sería suficiente para encontrar una camiseta, más con la excusa de entretenerme un rato que las ganas de estrenar. En esos primeros almacenes solo vi camisetas con estampados en el idioma anglosajón que decían “New York”, “Miami”, “Brooklin”, “London”, “París”, “Japán” y otros más. Debería ser la sección equivocada -pensé-. Me fui para otro piso y el repertorio se repetía, aunque los colores y las marcas fueran diferentes, además mi pobre formación políglota me impidió comprender los textos de los demás estampados y seguía encontrando más “New York”, “Miami”, “Brooklin”, “London”, “París”, “Japán” y otros tantos. Ya en ese piso me empecé a preguntar si las marcas son nacionales y sus diseñadores también ¿por qué los estampados están en un idioma importado que la mayor parte de este pueblo montañero no comprende? En ese momento decidí que compraría cualquier camiseta, aunque no fuera de mi completo agrado, pero que la encontrara en un almacén donde por lo menos hubiera ropa con mensajes estampados que mi lengua materna me permitiera comprender. Esa sería mi emancipación del día.

Terminé por pensar que el desprecio por nuestra propia identidad hace que solo usemos con orgullo aquellas prendas que hacen referencia a lugares y culturas que ni siquiera referenciamos en los mapas.

Con mis planes de relajación frustrados mejor decidí buscar donde tomarme un juguito de mango sin azúcar y sin hielo para que no me molestara la garganta.

Ya en esa nueva tarea, a la salida del centro comercial, de reojo vi una camiseta con un estampado que pude leer en mi idioma, decía “Medellín”. Sin pensarlo mucho ingresé con la esperanza de nuevo invadiéndome, porque al final conseguiría mi camiseta. Al acercarme a la estantería noto que la decoración de mi camisetica hacía alusión a una cósmica y polémica matica con hojitas de cinco puntas, acorde a la música regué que ambientaba el almacén, el resto de la ropa también y las camisetas eran tan largas que me hacían sentir como si tuviera la cintura a la altura de las rodillas, así que mejor me fui por mi juguito de mango sin azúcar y sin hielo, porque ni para cine me animé, pues las últimas películas que me han llamado la atención no alcanzan la decena de espectadores y ni les cuento el perfil y el promedio de edad de los asistentes. Omitiré también contarles en detalle los medicamentos que me mandaron en mi última visita al médico, sólo les adelanto que se debe tomar una cucharada antes de las comidas, dizque para mejorar la digestión.

En cuanto a la camiseta, agotaré el último recurso: la voy a buscar en un almacén de ropa para señores, a ver si así puedo estrenar en este cumpleaños.

Y para que esta nota quede completa no podría faltar el dato doloroso. Hace rato dejé de practicar deportes de contacto para evitar lesiones, por eso la bicicleta de ruta es la mejor alternativa, porque la de montaña es algo más riesgosa y, este último fin de semana, rumbo al suroeste, me di cuenta que siempre hay piedras en el camino; conocí el mundo patas arriba, como es en realidad; comprendí que la izquierda se necesita tanto como la derecha; comprobé que ninguna protección es exagerada, basta ver cómo quedó mi casco; también supe que todavía hay calcio para soportar los traumas y lo más importante es que tras las caídas se hace más meritoria la llegada al destino.

 Aunque embadurnado de cremas pero con camiseta nueva me dispongo a celebrar.

Anuncios

Un comentario en “Sumando lustros

  1. Pingback: Vejetes | Los Recortes

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s