De la escalera de Mario a la doche de las dos

Copy of MORGANS.jpgHace muchos años la plaza del pueblo era un hervidero de gente los fines de semana, especialmente los domingos. Sus gentes llegaban a la plaza desde todas las veredas, incluso desde el corregimiento El Crucero, que luego se organizó y ahora es el municipio de La Pintada. Para llegar a la plaza se usaba todo tipo de transporte disponible según las condiciones del lugar de procedencia, desde semovientes hasta vehículos de pasajeros.

Eran tantas las mulas y caballos que llegaban, que habían sitios destinados especialmente para su cuidado, mientras los dueños iban a misa, mercaban o realizaban cualquier menester motivo de su visita al pueblo; también había calles donde amarrados permanecían un buen rato estos pacientes animales aún con los aperos encima, sin necesidad de que los cuidaran, porque había respeto por lo ajeno.

Por las afortunadas veredas que ya tenían carretera empezaban a transitar los primeros chiveros que informalmente prestaban transporte de carga y pasajeros para los campesinos. Entre los transportadores más recordados estaban Fidel Quirama, que en su camión Fargo, del que difícilmente se adivinaba su color, viajaba hacia el corregimiento San Pablo, pero sólo en semana, porque sábados y domingos se dedicaba a transportar la carne desde el matadero municipal hasta cada uno de los toldos de las carnicerías que se ubicaban en la plaza junto a los toldos de las verduras, aunque algunas veces también transportaba ganado en pie desde las fincas hasta el matadero. Tulio Montoya, en su vieja pick up viajaba hacia las veredas La Placita,Playa Rica y La Miel, pero finalmente se quedó con la ruta del Guayabo y Mallarino, cuando ya tenía la escalera o chiva; por esa misma ruta también viajaron Guillermo Rojas, más conocido como “Cucharada” -vaya uno a saber por qué le decían así- en su viejo Willis con carrocería de estacas. Miguel Jaramillo, por su parte, tenía el carro que más me gustaba: una escalera de siete bancas, muy bien decorada y con la que alternaba turnos con Fidel Quirama hacia el corregimiento de San Pablo. Suso Estrada no se preocupaba mucho en buscar rutas, pues tenía la exclusividad con los habitantes del resguardo indígena, hasta el día en que la ceguera del Suso, la maleza de la entrada al resguardo y la rasca del indígena que se quedó dormido en la maleza en medio de los rieles de la vía desencadenaron en tragedia al pasarle la pick up por encima al indígena. Además de estos transportadores, también estaban el “Mono” Garzón, Guillermo Obando, Alberto López el “Gago”, Gildardo Zuluaga, Guillermo Castaño, más conocido como “Conejo” y otros tantos que iremos recordando. Eran tan informales que el vehículo de pasajeros más común eran las pick up y los camiones, en los que la gente se tenía que acomodar en medio de la carga y hasta de animales que también transportaban desde y hacia las mismas veredas. El vehículo más cómodo por aquellos días era la escalera de Miguel Jaramillo, que aunque también llevaba bastante carga, por lo menos tenía bancas mejor acondicionadas para los pasajeros, claro que de sólo recordar cómo brincaba por esas carreteras y lo duro de sus bancas, se me alborota el dolor de columna.

El poco transporte medio decente y formalizado legalmente lo prestaba Expreso Valparaíso-Caramanta, que con sus viejos e incómodos buses viajaba para Medellín.

En aquella época los habitantes del corregimiento El Crucero y su trayecto (La Pintada – Valparaíso) estaban cubiertos por esta empresa, así mismo los mayordomos de las fincas y habitantes de los sectores Bolaños, Ítima, La Fabiana, Filoseco, La Comuna, etcétera, que necesitaban llegar a la plaza, y ya que en los buses no se podía llevar todos los mercados y demás carga, hubo necesidad de un transporte mixto que los fines de semana recorría este trayecto para mejorar el servicio de los usuarios. Este era un bus escalera grande, con capacidad para atender la demanda de esos 20 kilómetros de polvorienta trocha empedrada que llamaban carretera. Folclóricamente, por la mañana le decían “la doche de las seis” y por la tarde era “la doche de las dos”, por el horario en que iniciaba su recorrido, pero además la “doche” no era una Dodge, era una Chévrolet y también en una época posterior fue una Ford, pero supongo que en sus inicios sí fue una Dodge y gracias a eso se le conocería por siempre como “la doche”.

Expreso Valparaíso – Caramanta ha sido la empresa de transporte público intermunicipal en nuestro pueblo que siempre nos ha llevado y traído y por lo que me han contado, el precursor de éste transporte fue el señor Mario Garcés, de quien recuerdan que a su ritmo podían rezar no menos de diecisiete rosarios desde su salida de la plaza de Valparaíso hasta su llegada a Medellín, pudiéndose contar en ocasiones hasta los veinticuatro rosarios, incluyendo algunas letanías en los intermedios y para colmo, la escena se repetía al regreso. Tal vez por ese hecho siempre hemos tenido la sensación de que vivimos en un pueblo muy lejano de la ciudad de Medellín y de la modernidad. ¡Qué viaje tan eterno! No me quiero imaginar ese boleo de camándula por esos desbarrancaderos que por aquél entonces era la carretera del Alto de Minas.

El día que aprendamos a viajar despacio tal vez empecemos a disfrutar más del camino que del hecho de llegar al destino y tal vez hasta podamos darnos cuenta de la belleza de nuestros paisajes. Viajemos despacio, aprendámosle a Mario Garcés y disfrutemos del trayecto y si quieren rezar háganlo, pero no tanto.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s