Haciendo maricas

puchademaizEn una esquina de la Avenida Gardeliana, en el barrio Manrique de Medellín, estaba la peluquería D’Alex. Junto a la puerta de la peluquería, una voz chillona, aguda, gritona, se lamentaba ante su amiga por la mala vida que llevaba con el marido, por las chismosas vecinas y hasta por los malagradecidos hijos que tenía. Sus quejas retumbaban hasta las entrañas de la peluquería, mientras Alex, desconcentrado apretaba con fuerza la barbera, luego dejó de motilarme, bajó las temblorosas manos, miró al cielo y, a manera de catarsis, dijo: “¡Dios, por una hijueputa como esa fue que me volví marica!”.

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