El inversionista

2Hace unos años, en 2012, creo, llegó a Valparaíso un gran comerciante, un terrateniente de Caucasia, un gran señor. Vino a invertir, a generar empleo, a sacar al pueblo de la miseria. Las cantinas se esmeraban por tenerlo en sus mesas y le abrían crédito sin límite para sus bacanales. Los almacenes agropecuarios y las ferreterías le ofrecían dádivas para ser sus proveedores.

Dos prósperas fincas compró de palabra, y se las entregaron; otras tierras del pueblo subieron de precio, pero aún así prometió comprarlas porque seguía siendo justo el negocio y, además, quería ayudar al pueblo.

Como el ganado de las fincas que recibió no era de raza, lo vendió para reemplazarlo por ganado bueno. Los camiones salían en caravana librando al pueblo de ganado impuro, de mala raza. Junto con el ganado desapareció también el gran señor, cuyo nombre nadie quiere recordar y quien nunca volvió a cumplir sus promesas ni a pagar las deudas. Y así, el pueblo de rodillas sigue esperando a un nuevo inversionista que lo venga a sacar de la miseria.

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