“Se reparan sombrillas y paraguas”

mi-genteEse es el título del aviso que pegado en una pared de la calle anuncia los servicios de un oficio de esos que uno creía extintos, pero no por eso pensemos que ha sido hecho de una ordinaria cartulina o hasta con mala ortografía. A pesar de la informalidad del negocio, se presenta con dignidad, mucha dignidad.

En épocas como la actual y gracias al consumismo y a la producción masiva de los chinos, todo parece desechable y en especial los artículos de bajo costo, como en éste caso el paraguas (paraguas en invierno o sombrilla en verano, pero aquí son la misma cosa). Uno se imagina que un sencillo oficio como ese lo estará desempeñando un señor de avanzada edad, porque un joven estaría en otras lides del rebusque, no en un oficio del siglo pasado, y sí, efectivamente es un señor bastante mayor quien repara los paraguas y que debe llevar allí muchísimos años dedicado a lo mismo; pero no es él quien atiende a la clientela, a los clientes los atiende una secretaria y asistente, la hija. Los atiende en el mismo andén, al lado del “dueño del aviso” y junto a una caja de cartón llena de viejos paraguas de donde sacan los repuestos necesarios, y toca reciclar, porque ni a los de Home Center se ha ocurrido que esos componentes se venden. Justo encima de ellos resalta el pulcro aviso impreso digitalmente que dice: “Se reparan sombrillas y paraguas”.

La asistente es una joven muchacha de treinta y muchos años y que aunque trabaja en la calle no es menos digna que el negocio que está heredando, tanto así que usa un pulcro uniforme similar a los que usan los técnicos en salud, o hasta los médicos. Si creen que es embuste, pues búsquenlos en la calle Colombia, entre la Avenida Oriental y El Palo, en el andén del costado norte.

Y sí, hice uso de sus servicios, no tanto por mantener en buenas condiciones mi viejo paraguas, pues pagando dos reparaciones como la que me hicieron hubiera podido comprar otro similar o hasta mejor, sino que mi intención era, principalmente acercarme y en lo posible capturar alguna historia, pero ambos son mas bien discretos, poco conversadores y no se distraen de su trabajo para ponerse a conversar con los clientes. Después de todo, no puedo más que desearles prosperidad y muchos años más en su oficio que algo de nostalgia le imprime a una ciudad como Medellín, que tanto desea ser más europea para sentirse más cosmopolita, más moderna, más innovadora… menos nuestra.

El mismo día, mientras escampaba, me dispuse a escribir ésta historia, y allá, en una mesa del salón La Marquesa, se quedó olvidado el viejo paraguas recién reparado que por fortuna ya no tenía la varilla quebrada.

NO SEQUEDE SIN SU LIBRO “MI GENTE”, TODAVÍA HAY ALGUNAS UNIDADES DISPONIBLES

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s