La tarde gris

mi gente (1)El pasado quince de marzo empezó siendo un día bastante especial: muy temprano me despertó el coro del alba que a diario interpretan los pájaros que habitan el bosque frente a mi casa, pronto empezaron a llegar los calurosos mensajes y llamadas de la familia y amigos que me hicieron recordar que el día del cumpleaños, más que festejo, lo que se vive es el afecto de las relaciones que se han cultivado durante la vida (claro que después también hubo festejo).

El día iba bien, pero ¿por qué lo de “la tarde gris”? Bien, pues no tardó en llegar noticias del fallecimiento de la cantante Vicky, a quien tanto escuché con mis compañeros de clase mientras hacíamos las tareas en el Quiosco de la plaza de Valparaíso, y al escuchar la noticia, hasta allá, hasta la plaza de mi pueblo me trasladaron esos recuerdos. Luego, otra noticia seguía oscureciendo la tarde: también había fallecido el exboxeador Rocky Valdez, de quien se ha dicho que nunca abandonó sus raíces y hasta el último de sus días compartió con los lustrabotas de su Cartagena, de quienes nunca se alejó aún durante sus mejores momentos de gloria. Su máxima corona fue el reconocimiento y afecto de su gente. Esos sí deberían ser los ídolos a quienes se les haga homenajes y series televisivas, esos que enseñan que todavía existen buenos seres humanos y no los falsos ídolos a quienes tanto admiran por haber delinquido.

Pero la tarde gris seguía entristeciéndose, ahora con la noticia de que también había fallecido nuestro paisano Gustavo Agudelo, liberal hasta los tuétanos, excelente conversador y buen crítico y conocedor de nuestra historia política y social, quien a pesar de sus dolencias de tantos años no se le vio derrotado, hasta el final demostró ser un hombre fuerte que tampoco tuvo temor en decir lo que pensaba y creía. Pero como si fuera poco, faltaba otra triste noticia: también fallecía la señora Fanny Cadavid, importante líder política, quien desde su origen en la ruralidad de nuestro pueblo, y gracias a su tenacidad, supo abrirse camino en importantes espacios de la vida política nacional, no sin haberlo hecho también en su pueblo. Ella, a pesar de su liderazgo y reconocimiento en la vida pública, creo que solo desempeñó un cargo público: el de concejal de su pueblo, lo demás fue trabajo ideológico y social, lo que le dio gran reconocimiento y en lo que fue tan activa hasta el último de sus días; por su labor, no por sus cargos es que merece total reconocimiento.

Ya en la noche, no podía más que pensar en que fueran los coros celestiales quienes estuvieran recibiendo a éstos seres humanos que tantas huellas ejemplares dejaron en este mundo y de quienes aún tenemos tanto que aprender. Me queda claro también que tanto la vida como la muerte están presentes en todo momento, por eso, al amanecer, las aves celebran la vida con su canto; así mismo nosotros deberíamos hacer que cada día por vivir sea recibido con alegría y trabajar por buenos ideales, para que al final nuestra existencia no haya sido en vano.

 

 

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Café en ollita

Empiezo por aclarar que trataré un tema en el cual no soy ningún experto, solo soy un bebedor de tinto, inexperto en el mundo de la caficultura, así que la experiencia que les narraré es solo la de un consumidor de café, un consumidor común y corriente.

2017-02-04-12-28-15Para muchos el consumo del café, como el del té, del mate o hasta el vino -ojalá pronto pueda incluir el chocolate en esta lista- es todo un ritual, casi religioso en muchos casos y lleno de protocolos. Yo, por el momento, lo trato como un placer social.

Para la preparación del café se han desarrollado una gran cantidad de instrumentos; entre los más comunes están las cafeteras Moka o Italiana, la de émbolo o Francesa y las de goteo que son las más comunes en las casas y hasta en las oficinas. Todas ellas pensadas en facilitar o simplificar la tarea. Existen muchas otras, pero no es del caso hablar de lo que no se conoce, así que no ahondaremos mucho en ello.

Las preparaciones de esta bebida también son innumerables, pero en esencia, el tinto es una infusión de semillas de café, tostadas y molidas.

Hasta aquí mis “avanzados”conocimientos en el mundo del café.

2017-02-03-16-14-49Hace unos días llegó a mis manos un bello paquete que contenía dos bolsas de café, cada una con un origen similar, pero con algunas diferencias especiales, las cuales están bien especificadas en sus etiquetas. Lo interesante es que ese café no solo venía lleno de olores y sabores, es tan especial que la misma propietaria de la marca hace las entregas personalmente (esperemos que el negocio no crezca tanto para que esto deje de pasar). Esa entrega es casi otro ritual.

Lo primero que uno encuentra es su amable sonrisa seguida de ese inconfundible e inspirador olor que salía de la bolsa. El empaque, una caja bien diseñada da indicios de que su contenido no es algo ordinario; su contenido no decepciona, las dos variedades de café están claramente diferenciadas y siguen la misma línea en su imagen, llena de sobrios detalles, pero lo que más llamó mi atención fue la etiqueta con las características de taza 20170213_212722-así dicen los expertos- escritas a mano. Ese sencillo detalle me dio a entender que gran parte de su proceso es artesanal, pero además, con el protocolo que me fue entregado me confirma que sobre todo ha sido hecho con esmero y con todo el cariño posible. Es así como Vicky no solo entrega un producto, uno alcanza a sentir que con sus instrucciones, lo que está entregando es un hijo para que alguien más se lo cuide como ella misma lo haría. Consejos de mamá paisa. Sus instrucciones y recomendaciones de preparación, así como la historia de las fincas y de las personas -con nombres propios- que intervienen en su proceso, no hacen más que evocarle a uno esos olores de campo y aumentar los deseos de saborear un buen tinto.

Ya en casa y recordando las tradicionales formas de preparación de tinto, descarté la fracesa, la italiana y la de goteo para usar el método más elemental: la ollita y el colador de tela, porque un café especial merece un trato especial. Así que basado en las proporciones sugeridas se fue haciendo de este un momento también especial, rodeado de campo y con toda la calma. A las proporciones sugeridas le aumenté un poco, para que todo fuera más intenso, pero es el gusto personal. Así fue como empezó mi deleite con “Casa Flora Caramanta” y “Casa Flora Valparaíso”.

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Tentadora combinación (Foto: Casa Flora)

 

 

Vejetes

mi-genteMacreba, una amigo cercano, muy cercano, me contó hace poco por qué se está empezando a sentir viejo. Yo no se a ustedes, pero a mí me dejó pensando con lo que me dijo, por fortuna yo no me siento viejo. No lo soy. Les contaré lo que me dijo.

La sombra senil lo empezó a invadir después de encontrarse con un amigo para tomarse unas cervezas y compartir una buena conversación. Al cabo de un rato se tenía que levantar cada dos cervezas para ir al baño. “Quiubo ¿ya no retiene?” fueron las ponzoñosas palabras de su amigo que lo pusieron a pensar. “Lo que sobra es compresión, malparido” fueron las palabras que mi amigo cercano quiso decirle, pero se tomó el tema en charla y solo atinó decir que en la tarde había tomado mucha agua, pero el asunto siguió rondando en su mente, especialmente cada dos cervezas. La charla entre amigos siguió, aunque un poco más dispersa, pues empezó a recordar las vacaciones anteriores, durante las cuales pasó casi una semana sin afeitarse y ahí, en la sombra de su despoblada barba, empezaron a aparecer unos pelos canos, cosa que había pasado desapercibida hasta ese momento.

Tratando de distraerse empezaron a mirar a su alrededor. Los demás clientes del lugar parecían una delegación de jubilados, por la edad. Al fin se pudo distraer, pero al día siguiente no había otro pensamiento diferente, y claro, se negó a asistir a la cita que tenía con el optómetra, pues mientras no fuera donde él seguiría teniendo visión 20-20. Antes ciego que con gafas. Inevitable fue caer en cuenta que ya no es de su interés los modos juveniles y en los almacenes, sin preguntarle, le muestran la sección de ropa “clásica”, de señores, hasta le dio por empezar a usar sombrero. Pero él mismo se da moral, asumiendo como propia esa frase que hace mucho tiempo le escuchó decir a una vieja amiga suya: “La vejez está en la actitud, no en los años, la juventud es cuestión de actitud.” y le cayeron de perlas en este momento.

Para tranquilizarlo y solidarizarme un poco le conté, o mejor dicho, lo puse a leer el relato de mi último cumpleaños (Sumando lustros), pero creo que causó el efecto contrario al que yo esperaba.

Después de un rato tratamos de hablar de otras cosas, como cuando trasnochábamos y callejeábamos, de las travesuras de antes, de los amigos divorciados, de los que ya son abuelos (muy precoces), de las cosas pendientes por realizar y de otras tantas cosas por el estilo; hasta cuando mejor nos despedimos para no ahondar más la herida con esos temas pasados y me fui muy pensativo para mi casa, pues yo también, ahora, procuro hacer algo de deporte con cierta frecuencia pero sin excesos, elijo con más cuidado lo que como en la calle y recuerdo las palabras de una amiga que la última vez que nos vimos andaba con la cantaleta de: “Camine despacio y siéntese bien.” Sobre mis gustos como la música que escucho, los libros que leo, las cosas que hablo con mis amigos, los zapatos que me gustan y los lugares que frecuento no quiero hablar, pero ahí les dejo para que lo supongan.

Al llegar a mi casa le iba a enviar un Whatsap a mi amigo, pero recordé que ya uso un celular “flecha”, de esos que solo sirven para llamar y contestar y que la batería les dura una semana, entonces mejor lo llamé y le dije: “Que hijueputas tan viejos estamos.” Colgué sin esperar respuesta.

Crónica de un cascarrabias por Mompóx

La salida

Antes de todo viaje la emoción es fuerte, especialmente si el viaje es por placer, pero esas emociones siempre son superadas, bien sea por emociones buenas o no tan buenas, dependiendo de lo vivido y en éste viaje hubo de ambas, por eso creo que valió la pena.

 dsc04545Después de superados los inconvenientes de última hora se dio inicio al viaje pasadas las dos de la tarde del sábado y todo muy bien hasta iniciar el trayecto en la autopista norte, pero los ánimos estaban arriba y el trancón que iba desde la salida de Medellín hasta más allá Bello no iba a  ser causa de disgustos apenas iniciando el paseo. Al pagar el primer peaje en las afueras de la ciudad uno se empieza a sentirse ya en la ruta, de paseo, y la expectativa se empieza a hacer realidad, aunque la congestión vehicular hiciera tan lento el viaje hasta llegar a Cisneros, de ahí en adelante empezó a ser más fluido y a cambiar mucho el paisaje dejando las montañas atrás, cosa que además de hacerlo a uno consciente de la riqueza paisajística del país, también da señales de que se está más lejos de la casa y eso ya es paseo.

 Siendo Mompóx el destino del paseo, lo obvio era definir la ruta antes de la salida y gracias a las facilidades que ofrece Internet se determinó la ruta sin tener que ir a preguntar a otros viajeros que conocieran esas carreteras o sin acudir a los anticuados mapas o las guías de rutas turísticas que venden en los peajes.

 La idea era sencilla: salir desde Medellín por la ruta de Puerto Berrío, Barrancabermeja, San Alberto, El Banco, hasta llegar a Mompóx por la ruta del sur, la menos usada, al menos desde el centro y occidente del país, por eso mismo pocas señales indican por ese sector la distancia o las rutas que llevan a nuestro destino; el regreso sería por la ruta más común que implica tomar el ferry sobre el Río Grande de La Magdalena, entre Mompox y Magangué, pero que en la realidad no sale de Mompóx ni llega a Magangué.

Fin de la primera jornada

 Dado que la salida de Medellín se retrasó un poco, hubo que amanecer en el camino y ya de noche una pequeña desviación involuntaria nos llevó hasta Barrancabermeja, que no estaba en la ruta, pero ya de noche no valía la pena devolverse a seguir el camino correcto, pero que además fue un buen sitio para amanecer y descansar, después de haber pasado algunos pequeños disgustos en la carretera con los otros conductores. La noche nunca me ha parecido buena para viajar conduciendo por varias razones, entre ellas porque que no se puede conocer el paisaje por donde se va pasando, mucho menos en rutas nuevas para uno; otra razón más obvia es que la visibilidad disminuye mucho y si la señalización vial no es buena se pueden correr riesgos innecesarios; igualmente a esas horas muchos animales silvestres empiezan a cruzar las carreteras y son demasiados los que mueren a causa de los carros y tal vez el motivo peor de todos es la falta de cortesía por parte de otros conductores que indiscriminadamente usan las luces altas o hasta luces sobredimensionadas para las situaciones de carretera que creo están prohibidas por la norma pero que nadie hace cumplir. Nada más fastidioso y riesgoso que unas luces de esas detrás o mucho más cuando vienen de frente. Yo no se si es que en los cursos de conducción no aprenden eso o la lógica no les da para darse cuenta de esa simple situación, afortunadamente llevaba unas buenas luces y la descortesía se me pegó para desquitarme un poco con esos de los carros cuyas placas casi todas terminaban en “D.C.”

dsc04317 Al segundo día de viaje la salida fue tempranito con la intención de llegar al destino sin afanes y poder disfrutar de los paisajes del camino. Por ser ésta una ruta secundaria había poca señalización, por lo que fue necesario pedir orientación a la gente de la zona, todos muy amables, pero de las cuatro personas a las que se les preguntó solo uno nos dio buenas indicaciones, un señor mayor que iba en bicicleta en medio de una carretera solitaria y bajo un ardiente calor; más adelante un empleado de  una gasolinera no sabía cuál era la carretera que debíamos seguir, pues no conocía mas allá del pueblo que seguía, a unos 50 kilómetros de distancia y la empelada de un restaurante cercano a la gasolinera solo se limitó a responder: “¿Mompóx, eso dónde es?” por lo que a tientas y recordando las instrucciones del señor de la bicicleta pudimos seguir otro trayecto hasta llegar a El Banco, la población más cercana a nuestro destino, porque señalización clara que nos orientara no hubo. Ya en El Banco, donde el compositor José Barros compuso su famosa canción La Piragua, había que buscar un nuevo desvío y allí encontramos la cuarta persona que nos dio información, pero, el señor moreno de la moto, con mucha propiedad nos señaló la ruta contraria a la que debíamos seguir, y muy juiciosos le obedecimos. Quince kilómetros después se ganó su madrazo. Después de retomar la ruta, otras personas también muy amables posibilitaron que el único aviso vial de todo el trayecto que dijera “MOMPOX” estuviera al alcanza de nuestra vista. Era un discreto aviso, pequeño y empolvado, pero suficiente para activar de nuevo el entusiasmo por conocer ese hermoso destino lleno de historia colonialista y arquitectura republicana.

 Por fortuna no había llovido durante los últimos días, porque de lo contrario ese trayecto final hubiera sido imposible de transitar, al menos en un automóvil, pues aunque amplia la vía tenía trayectos sin pavimentar muy polvorientos y con unos huecos enormes que con el agua serían unos tragadales que ni a lomo de luma se podría atravesar (cuando retome el enduro seguramente me atreva a volver por allí en invierno, debe ser un buen reto). Lo seguro es que las próximas casas indicarían el destino final de esta ruta. Los primeros ranchos a orillas de la carretera no tardaron en verse, fue allí cuando las imágenes que consulté por internet empezaron a llegar a mi memora y también fue en ese mismo instante en el que descubrimos que con la aplicación de Mapas que trae el celular es posible ver las rutas, orientarse correctamente por las carreteras y evitar desvíos innecesarios. ¡ya para qué!

La llegada

dsc04330 Ahora con todos los sentidos alerta y esperando ver una de las imágenes de las guías turísticas en vivo lo que cobraba protagonismo eran esos marranos empantanados, grandes, huesudos y peludos, el ganado grande, huesudo y peludo y la gente grande, flaca y… formalita. Pero las imágenes de las postales nada de nada y al intuir que estábamos saliendo de nuevo de ese caserío recordamos que el ingreso por la ruta que habíamos elegido había sido por la entrada trasera, por el solar como cuando uno va a la casa de los vecinos de confianza, así que seguramente la entrada principal estaría más adelante y efectivamente así sucedió: se pudo leer el aviso en mosaico que decía “XOPMOM” antes de girar y ubicarnos en la ruta de la entrada principal, desde la cual se podía ver el mismo aviso en mosaico que al derecho decía “MOMPOX”, ahora sí, pasado el medio día, la tierra de la filigrana nos daba la bienvenida. Por esa nueva calle ya se olía el río y se sentía un raro vacío en el estómago, pero no por la emoción sino por el hambre, pues el desayuno había sido temprano y hacía un buen rato había pasado el mediodía, así que la prioridad era buscar restaurante puesto que la ansiedad había sido superada por el hambre. A las pocas cuadras, en medio del sofocante calor, nos dejamos atraer por el primer aviso de restaurante que vimos y solo allí, después de un exquisito plato comida de río (bagre) y otro de comida de mar (camarones), se recuperó aliento y empezamos a admirar la antigüedad de la construcción del restaurante, de la calle, las casas del frente, las tapias, los techos, los dinteles, los pisos. Esto debe ser un paraíso para los arquitectos.

dsc04383 Supusimos que en sus inicios el pueblo no tenía más de tres calles, pues estábamos en la Calle Real del Medio y a un lado, hacia el río, estaba la calle de las Albarradas; para el otro lado, después de la siguiente cuadra, todo era polvoriento y las casas no eran más que ranchos, así que tres calles de ancho tiene la zona histórica de Mompóx. Mucho contraste al alcance de la vista.

 El mesero nos indicó que todos los hospedajes estaban en la Calle del Medio, por lo que no fue difícil encontrar hotel, bueno todos eran casi iguales: una enorme casa colonial acondicionada para hospedar al turista, la diferencia es que algunas tenían piscina en los patios y eran más ordenadas o que el administrador era mejor conversador. Después de instalados lo mejor fue la piscina para refrescar el cuerpecito antes de ubicarse geográficamente y empezar a definir la ruta para conocer los sitios de interés, aunque también estuvo la propuesta de un guía local que hacía el recorrido turístico en dos horas y para no cansar mucho al turista ofrecía hacerlo en un taximoto hechizo que seguramente un mecánico local adaptó para llevar cuatro personas en una moto que viene diseñada para dos. Como los pueblos no se miran con los ojos en ráfaga, como dice el poema, y dado que no había ningún afán, decidimos hacer un recorrido en zig-zag por las tres calles, empezando por uno de los extremos del pueblo y buscando los lugares que se promocionan en todas las páginas de turismo, sin afán alguno. Una pequeña caminada por los alrededores del hotel fue suficiente para definir la ruta que se haría al día siguiente sin guía, mientras tanto era hora de descansar y admirar la arquitectura y decoración del hotel.

Conociendo Mompóx

El tercer día empezó temprano y con los ánimos y expectativa altos. Ya con la pequeña reseña histórica leída sobre los principales atractivos turísticos no quedaba más que ir en busca de esos pedazos de historia. Es aquí cuando uno reflexiona y se empieza a dar cuenta que hay un turismo superficial que solo se basa en chulear una lista de lugares por visitar, o sumar kilómetros recorridos, o recoger sellos en el pasaporte, o imitar las fotos que salen en las revistas, cuando realmente conocer un lugar no es más que caminarlo entre la gente local, sentir sus olores, vivir sus costumbres, escuchar sus sueños o sus frustraciones, entender sus realidades. Esa será la única forma de conocer un lugar y esa así como uno puede darse cuenta que eldsc04352 Mompóx no solo son esas tres calles bonitas con sus plazas, sus iglesias y construcciones que ha restaurado el Ministerio de Cultura; también son las calles polvorientas de casas humildes con techos de latas y pisos en tierra, de niños sin zapatos, de barrios sin alcantarillados, de partidos de fútbol improvisados en la calle con tarros viejos como arcos por los que pasan balones sin aire. Eso sí, gente amable, sencilla y honesta por todos los rincones, hasta me llegué a sentir como en las orillas de la quebrada Sabaletas, de donde soy, donde está mi casa y donde aprendí a pescar con lombriz, a correr de huida de las vacas y a comer mangos sin bajarme del árbol.

dsc04379 La historia de la colonización de las Américas puede leerse en cualquier esquina, las placas de piedra cuentan la historia de los próceres que pasaron o nacieron allí, de algunas formas de trabajo de la época o de la convivencia del pueblo con el río como eje central de todo su desarrollo, pero la arquitectura también cuenta su historia. Uno se imagina la forma de vida de los dueños de esas enormes casas que aún siguen en pie, pero en especial pienso en todo el esfuerzo físico que implicó para los indígenas y esclavos el edificar esas moles para sus señores y todo gracias a la riqueza mineral que por el río empezaba a abandonar las montañas para satisfacer los deseos de gente sin alma con piedras o metales sin alma.

 A esta altura podrán imaginarse que no disfruté del lugar por estar pensando pendejadas, pero no, realmente es un lugar que hay que conocer, es bello, muy bello y lleno de historia, pero no quería enfocar este relato en lo que se puede leer en cualquier guía turística sin necesidad de visitar el lugar. Las iglesias están llenas de esculturas adornadas con invaluables joyas de oro y piedras preciosas, cosa que no entiendo ya que Jesús vino a enseñar otra cosa y dejó suficiente testimonio al respecto, pero los humanos nos encargamos de distorsionarlo todo, pues él nunca dijo “explotaos los unos a los otros”. Creo que vino a enseñar Amor y humiltad, no a codiciar ni a ostentar. En todo caso, si miramos esas joyas sin prevenciones y sin pensar en las consecuencias y tragedias de la explotación minera, son bellas, pero sobre todo costosísimas, así como los utensilios usados para los rituales y las demás obras de arte que decoran todos esos templos. Las casas son bellas y espaciosas, estéticamente atractivas y funcionales. La solución a las dificultades climáticas y habitacionales fueron ingeniosas y el recorrido por sus calles es agradable.

dsc04427 Dicen que todo el pueblo ha sido declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO, pero no es todo el pueblo, son las tres calles del a parte histórica, sus casas, plazas y la albarrada, pero el resto el pueblo, donde habita la mayor parte de la gente ni lo menciona la UNESCO ni lo tienen en cuenta los ministerios nacionales.

 Mirando fechas de la construcciones y de los principales hitos del pueblo se identifican predominantemente dos épocas: la primera es aproximadamente a mediados del siglo XV, cuando se fundó la población, y luego durante el siglo XIX, en la época de la independencia, y se referencia básicamente solo esas dos épocas según mis especulaciones, la primera obviamente por su fundación y la segunda pudo haber sido porque la nueva patria quiso borrar todo rastro de sus anteriores gobernantes y solo desde 1810 hay más referencias históricas, aunque las edificaciones siguieron prestando los mismos servicios a los nuevos como desde sus inicios.

 Me sorprendió gratamente que la mayoría de las casas de la zona histórica siguen siendo habitadas por familias comunes, incluso por algunos desplazados y no hay que ser rico para vivir en una de ellas, pues gentes humildes salían de ellas a despachar en sus carros de ventas ambulantes o de comidas rápidas, vi talleres de reparación de televisores, ventas de chécheres de segunda o hasta refugio para habitantes de calle, hasta un criadero de gallos de pelea y obviamente muchos talleres de filigrana. Hubo por el contrario otras de esas casas cuyos dueños parecen haber tenido alguna prosperidad económica, pues se notaba en la decoración y las intervenciones y reformas  no necesariamente de buen gusto o acordes con la edificación pero a clara vista muy costosas. Despropósitos. Supongo que hay cosas que no llegan con la plata.

 Pude ver todo eso porque las ventanas y puertas siempre permanecen abiertas sin temor a que intrusos como uno se pasen esculcando el interior con la mirada. Las únicas puertas que siempre estuvieron cerradas fueron las de las iglesias, a excepción de una de ellas en la que vi un cristo milagroso, las demás joyas y piezas rituales se pueden conocer en el museo de arte religioso al que solo se puede entrar sintiéndose un delincuente, pues hay un escolta durante todo el recorrido, no enseñando lo que hay, sino cuidando de que uno no se robe las joyas y demás cosas que hay en las vitrinas. El resto de iglesias permanecieron cerradas. El museo que está en la casa de la cultura me pareció de lo mejor que vi por allí, pues está bien estructurado y bien dispuesto, con buena información y que además no necesita de guías por tener toda la información a disposición de los visitantes. Allí hay muestras arqueológicas motivo de estudio de los académicos y también se pueden ver objetos importantes de la historia local. Lo único que me entristeció en la casa de la cultura fue  ver a los empleados sacando de las maderas originales de la construcción recién restaurada unos clavos con los que habían pegado la decoración navideña. Que bueno que valoraran mejor esas piezas arquitectónicas.

dsc04436 Una de esas construcciones que se referencia a principios de 1800 es el cementerio y que aparece en todas las guías turísticas, pues antes de esa época los enterramientos se realizaban en los terrenos de las iglesias e incluso en las plazas frente a ellas, lugares que redescubrieron con una reciente restauración y en la que además se hallaron enterramientos indígenas anteriores a la colonia. Esos enterramientos precolombinos son la única referencia que existe sobre los indígenas que habitaron ese lugar, bueno, esos vestigios y el nombre de un cacique que habitó allí: el cacique Mompoj, ya pueden deducir de dónde viene el nombre de la población, por lo demás, no hay ninguna otra cosa que indique que antes de los colonizadores hubo alguna sociedad por allí. Del cementerio poco quiero mencionar, pues contrario a lo que se esperaría, es un lugar desordenado, sucio y descuidado, con un funcionario rodeado de tres desnutridos gatos que a duras penas responde el saludo. Digno no es ni para los cuerpos que depositan allín, ni para los visitantes, a pesar de tener algunos mausoleos rescatables pero que el entorno opaca. Yo no quisiera que mis huesitos terminaran en un sitio como ese, mejor debajo de un arbolito o con las cenizas en un río.

 Por último, y para terminar el recorrido de beato cascarriabias que estoy narrando, les recomiendo que vayan a visitar el Suán, un árbol con más de 450 años de vida y alguna historia de próceres bajo su sombra. Espero que alguno me cuente la impresión que se lleve al respecto, no la quiero narrar yo.

Finalizando el recorrido

dsc04362 Así terminaron tres días de recorrido en vez de las dos horas que proponía el guía para conocer el pueblo y claro que hubo foticos bonitas frente a algunas fachadas, poses de selfie y hasta retoques digitales de esos que permiten los celulares para disimular las falencias del fotógrafo, también hubo visitas a los restaurantes típicos a orillas del río de La Magdalena, cervecitas por la noche en la plaza recién restaurada y conito de ron con pasas en la otra plaza también restaurada, hasta pizza y espaguetis se ve por allí y más comida de río y de mar antes de emprender el camino de regreso. En definitiva, en Mompóx se camina bueno, se come rico y se suda como un putas.

 Debo resaltar que la gente de Mompóx, además de ser grande, huesuda y… formalita, dsc04483también respeta mucho la fauna silvestre, pues nunca vi pajaritos enjaulados ni loros en los solares, al contrario vi un mono aullador pasearse por algunos tejados siendo seguido con sonrisas por los vecinos recordando las repetidas veces que lo sorprendieron mirando su reflejo en las ventanas de vidrio y también vi una babilla a orillas del río donde los lugareños se amontonaban para mirarla y hablar de ella como de una vecina bien querida a la que incluso le habían hecho seguimiento a su rutina y admiraban lo rápido que iba creciendo desde la última vez que la habían viso. Eso es de admirar, no como por las carreteras de Cáceres donde aún venden huevos de iguana y pajaritos silvestres, no tanto como antes, pero tristemente todavía se da.

Empezando el regreso

 Y como hay que regresar a la realidad a iniciar un año esperando que traiga prosperidad y en el cual se cumplan los deseos y propósitos que se hacen cada fin de año, toca emprender el camino de regreso, ésta vez por la ruta tradicional, la del ferry que es otra aventura para los que nos dejamos sorprender por esas cosas, por eso la ansiedad del paseo no se había terminado, en la ruta había más cosas por descubrir y un disgusto más por superar.

 Lo más bueno fue cruzar ese enorme río, de orilla a orilla en el ferry (todo un crucero) y ver como hacían los funcionarios para acomodar esa cantidad de carros en una plataforma tan dsc04563pequeña, hasta creo que para trabajar allí tuvieron que superar el nivel 567 del clásico juego tetris, porque por entre los carros no quedó ningún espacio libre y cupieron todos, bueno, casi todos porque aquí viene el cuento con el último disgusto. Pues como les parece que antes de llegar al puerto de embarque hay unos muchachos de esos que se pasan la vida rebuscando plata sin escrúpulos, intimidando a la gente con falsos temores y tratando de sacarle a uno la platica bajo sutil presión. Les cuento que se hacen a la orilla de la carretera donde va la fila de carros y te van diciendo que hay mucho carro adelante, que ellos tienen un puesto reservado y que te lo pueden ceder, que está difícil la cosa pero que ellos te ayudan. Muy formalitos los hijueputas. Al preguntar a los funcionarios del ferry responden que tranquilo que todos los carros caben, que no le de plata a esos muchachos que todos pasan. Ya con esa información uno se sienta tranquilo a recalentarse entre el carro porque ni sombra hay para guarecerse y da desconfianza dejar el carro solo con esos muchachos por ahí que siguen insistiendo con su discursito, pero uno tranquilo porque tiene la información de primera mano y no necesita de esos piratas para pasar, pero la tranquilidad empieza a menguar cuando otros tipos dignos representantes de la cultura del “el vivo” empiezan a pasar guiados por los muchachos esos por el lado de quienes esperamos en la fila y ahí si con cada carro uno se imagina que le están quitando el cupo en el tetris que cruza el río, pero los funcionarios insisten en que todos caben. El problema viene cuando ya empiezan a acomodar los carros y los tales “vivos” están adelante obstruyendo el paso de los que hicimos la fila, hasta insistiendo en que nos movamos para poderse meter porque los camiones les pueden rayas sus camionetas, respondiendo feo cuando les digo que mejor hacer la fila que colarse, pero que va, con gente así no se puede razonar. Con algo de esfuerzo se pudo alcanzar uno de los últimos puestos en la plataforma, no sin antes escuchar los acalorados comentarios de una señora que le increpaba a los colados por sus actos tan irrespetuosos, desonestos. Con gente así será difícil construir una sociedad desarrollada, justa, sensata. Al final tanto “los vivos” que pagaron por un puesto, como los “bobos” que hicimos fila entramos, con la pequeña diferencia de que ya ellos iban sufriendo el rechazo social de la mayoría que es la gente correcta que todavía por fortuna existe por ahí, no como en uno de los pejaes que al regreso tocó pasar con tristeza, pues paralelo a las casetas de cobro, con todo el descaro, hay un paso paralelo y un señor de sombrero cobrando cuota para que los carros no tengan que pasar por el peaje. Lo que me entristeció no es que el señor ese que seguramente es un peón de esos personajes innombrables estuviera cobrando, sino que tantas persona que uno supone honestas estén evadiendo el peaje y patrocinando con esa plata seguramente las armas que mas tarde a ellos mismos van a afectar. Espero que no sea así, pero factible sí es. Es seguro que las autoridades saben de ese desecho para evadir el peaje, pero nadie hace nada al respecto, como en tantas otras situaciones que socialmente deberíamos rechazar. Lo mismo pasa cuando funcinarios públicos piden comisiones para adjudicar contratos con recursos públicos, cuando piden “colaboración” para no imponer las sanciones por haber cometido infracciones o hasta cuando se pasan el semáforo en rojo. Solo cuando seamos concientes de eso podremos soñar con algo de desarrollo.

Desvío a la derecha

 Si ven, por estar de cascarrabias me volví a saltar otra de las cosas buenas del paseo, me dsc04577faltó contar que en la ruta de regreso, tras un pequeño desvío de 30 kilómetros después de Sincelejo, se pudo disfrutar de un buen día de playa en Tolú para relajarme antes de llegar a la cotidianidad de mis días, y aunque no pude ver un temporal de los que se dan en el golfo de Morrosquillo (a propósito ¿quién fue Morrosquillo?), de esos que Tomás González narra con tanto realismo y que por eso mismo quiero presenciar, sí pude disfrutar de un hermoso colorido atardecer costeño, el mismo que ni siquiera unas caranguitas con ínfulas de traqueticos paisas pudieron dañarme con su estridente música y gritos etílicos mientras exhibían sus camionetas y sus muchachas operadas, exigiendo atenciones de cinco estrellas en hosterías populares. Bobos. Lo que sí me perturbó un poco fue al anochecer, mientras iba llegando a Medellín, cuando me volví a encontrar con esos maleducados en sus carros con las luces altas que no saben para qué es el cambio de luces y casi todos con las placas que terminaban en “llín”, menos dos que al DSC04589.JPGllegar al último peaje antes de entrar a la ciudad quisieron colarse en la fila por “vivos” y las placas de sus carros terminaban en “D.C.”, hasta se estaban enojando porque no les cedí mi puesto en la fila… ¡Cierto que tengo razón en enojarme!

 Como se darán cuenta, en el regreso no hubo pérdidas en la vía, no tanto por la aplicación de mapas del celular, pues se quedó sin batería, sino por el anticuado mapa que nos regalaron en la oficina de información turística de Mompóx y por la buena señalización que hay en esa vía.

 Ahora que he narrado mi experiencia les recomiendo que vayan a Mompóx, vale la pena y no le paren muchas bolas a lo que les digo. En serio, vayan que hay muchas cosas bonitas por ver, pasen bueno y no se les olvide comprar filigrana para la mamá. Aprovechen y dusfruten antes de que a esto se lo lleve el putas.

 Si quieren una nueva crónica de viaje me sugieren el destino que cuando me pase la rabiecita vuelvo a salir.

 

“Se reparan sombrillas y paraguas”

mi-genteEse es el título del aviso que pegado en una pared de la calle anuncia los servicios de un oficio de esos que uno creía extintos, pero no por eso pensemos que ha sido hecho de una ordinaria cartulina o hasta con mala ortografía. A pesar de la informalidad del negocio, se presenta con dignidad, mucha dignidad.

En épocas como la actual y gracias al consumismo y a la producción masiva de los chinos, todo parece desechable y en especial los artículos de bajo costo, como en éste caso el paraguas (paraguas en invierno o sombrilla en verano, pero aquí son la misma cosa). Uno se imagina que un sencillo oficio como ese lo estará desempeñando un señor de avanzada edad, porque un joven estaría en otras lides del rebusque, no en un oficio del siglo pasado, y sí, efectivamente es un señor bastante mayor quien repara los paraguas y que debe llevar allí muchísimos años dedicado a lo mismo; pero no es él quien atiende a la clientela, a los clientes los atiende una secretaria y asistente, la hija. Los atiende en el mismo andén, al lado del “dueño del aviso” y junto a una caja de cartón llena de viejos paraguas de donde sacan los repuestos necesarios, y toca reciclar, porque ni a los de Home Center se ha ocurrido que esos componentes se venden. Justo encima de ellos resalta el pulcro aviso impreso digitalmente que dice: “Se reparan sombrillas y paraguas”.

La asistente es una joven muchacha de treinta y muchos años y que aunque trabaja en la calle no es menos digna que el negocio que está heredando, tanto así que usa un pulcro uniforme similar a los que usan los técnicos en salud, o hasta los médicos. Si creen que es embuste, pues búsquenlos en la calle Colombia, entre la Avenida Oriental y El Palo, en el andén del costado norte.

Y sí, hice uso de sus servicios, no tanto por mantener en buenas condiciones mi viejo paraguas, pues pagando dos reparaciones como la que me hicieron hubiera podido comprar otro similar o hasta mejor, sino que mi intención era, principalmente acercarme y en lo posible capturar alguna historia, pero ambos son mas bien discretos, poco conversadores y no se distraen de su trabajo para ponerse a conversar con los clientes. Después de todo, no puedo más que desearles prosperidad y muchos años más en su oficio que algo de nostalgia le imprime a una ciudad como Medellín, que tanto desea ser más europea para sentirse más cosmopolita, más moderna, más innovadora… menos nuestra.

El mismo día, mientras escampaba, me dispuse a escribir ésta historia, y allá, en una mesa del salón La Marquesa, se quedó olvidado el viejo paraguas recién reparado que por fortuna ya no tenía la varilla quebrada.

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